El carnaval y su relación con la Semana Santa (por Guillermo Gitz)

Guillermo Gitz

El carnaval es una celebración festiva que se inicia en la Edad Media, el cual deriva de las antiguas fiestas romanas en honor al dios Baco (el dios del vino). Carnaval deriva del latín, de la unión de dos términos: carne (ídem) y vale (adiós). Significaba “despedirse de la carne” antes de la Pascua. La carne (los pecados del cuerpo y la mente), según los escritos del apóstol Pablo en el Nuevo Testamento, es lo opuesto al Espíritu.

Debemos considerar que la iglesia lo condenó desde tan temprano como en el Concilio de Nicea, en 325, y en otras varias oportunidades en distintos siglos, tratando de ponerle fin a esas fiestas paganas. Pero, ante la imposibilidad de eliminarlas totalmente, terminó concediendo, aun con renuencia, esa licencia religiosa de permitir que la feligresía se expandiera festivamente. Fiestas disfrutadas, supuestamente con moderación, antes de que se pasara a una estricta observancia de varios días de aflicción, recordando el sacrificio y muerte de Jesucristo. Es así como se trató se separar ambos eventos con la mayor extensión posible en el tiempo. Por ello, esta vía libre al hedonismo se debía cumplir cuarenta días antes de la Pascua de Resurrección. Pero esa compuerta de permisividad, que sin intención deliberada, abrió, fue utilizada desmedidamente no sólo por los paganos sino por muchos pseudo cristianos quienes aprovecharon esa flaqueza eclesial para disfrutar de un período de permiso; que devino, finalmente,en descontrol y libertinaje.

El carnaval era el atajo frívolo que tomaron los cristianos del medioevo, antes de cumplir con la obligación que exigía la corrupta iglesia medieval de observar piadosamente la Pascua. Se había establecido un tiempo de cuarenta días (conocido como Cuaresma), en referencia a los 40 días en el desierto de Jesús; comenzando con el llamado Miércoles de Ceniza, el cual era observado como el comienzo de la cuaresma y el final del carnaval. El desborde festivo era tan decadente que, hasta el último día, la extralimitación en la diversión y en la ingesta inmoderada de comida, antes de pasar a la comida frugal a partir del miércoles, fin del “permiso” eclesial; era un exceso impúdico y lujurioso.  Desde el miércoles de ceniza o de polvo (nombre simbólico que recuerda que el ser humano fue creado del polvo), comenzaba a guardarse la más estricta observancia de preceptos sin valor bíblico, sólo externos y ritualistas. Se obligaba a no comer carne vacuna porque remitía al cuerpo de Cristo flagelado en la cruz. Nada de bebidas alcohólicas o comidas excesivas. Vida semi monacal, sin relaciones sexuales en el matrimonio. Conversaciones serenas en el seno familiar, uso de vestimenta, preferentemente, oscura y sin ostentaciones; nada de música o ruidos desmedidos. Asimismo, era obligatoria la concurrencia a las misas y otras demandas menores.1

Las bacanales, en honor a Baco, eran el momento en que las personas aprovechaban para eludir su identificación y encubrían su aspecto por medio de disfraces, caretas o antifaces, lo que les permitía desplegar sus deseos más carnales sin ser reconocidos. El carnaval, aunque la iglesia romana no lo admita como celebración de tono religioso, ha estado asociado con los países de tradición católica (www.carnavales.net/historia-del-carnaval)

Como opinan diversos autores, es la fiesta pagana más celebrada en gran parte del mundo occidental, con diferentes características según las regiones y con el mismo fin de diversión sin límites. Por qué pagana; porque existían festividades similares al carnaval entre los pueblos primitivos idólatras antes de que los mismos fueran conquistados por Roma. Y se continuaron practicando aun en tiempos de prevalencia de la iglesia medieval por sobre los emperadores, para dictar normas de conducta a sus feligreses. Pero las mismas permanecieron sin ser prohibidas totalmente, claudicando ante la fuerza de esa tradición popular; siendo que se conocía la inmoralidad a la que se inclinaban los participantes durante su apoteosis.

De una desidia y flojera de la iglesia del medioevo, se llega hasta nuestros días cuando el carnaval se ha convertido en una fiesta pública de carácter lúdico fastuoso. La celebración, verdaderamente popular, amistosa y barrial, va disminuyendo. Hoy en día, es implementado por las autoridades públicas en gran parte del mundo porque aporta beneficios económicos al lugar donde se lo practica. En algunos países, el turismo carnavalesco durante esta fiesta, implica un gran dispendio de dinero que desarrolla gran parte de su comercio. Pero, así también, continúa el mismo desenfreno que en el medioevo.

Sufrimiento versus gozo de la resurrección

Una apreciación que se puede hacer a la costumbre de la iglesia tradicional en el acatamiento de los días anteriores a la Pascua es que ha hecho hincapié en los sufrimientos de Jesús, su martirio y posterior muerte, más que en el gozo de la resurrección. Además, ha favorecido la observancia exterior y no la interna, que tiene que ver con la verdadera motivación del creyente de recordar el acto de la cruz y la resurrección vencedora.

Asimismo, este culto exterior se visibiliza en el crucifijo del que cuelga un Jesús sufriente. Por el contrario, nuestra creencia bíblica nos indica que la cruz quedó vacía. Es que Jesucristo no sigue agonizando en ella, ya que resucitó y está a la derecha del Padre. Además, una cruz vacía no permite que sea un símbolo supersticioso porque nadie se postra ante un par de maderas.

Lamentablemente, tal clase de adoradores necesitan percibir una imagen concreta para tener a quien invocar.  Ese ícono inmutable del crucifijo los absuelve de intentar un pensamiento abstracto pero, al mismo tiempo, rico en vivencia espiritual. No es fácil la abstracción mental para el ser humano; pero eso es lo que se debe buscar experimentar tratando de lograr la relación con un ser espiritual como es Dios, mediante la oración dentro de un tiempo de meditación y reflexión.

Desde el punto de vista de la Biblia: Colosenses 2:20-23 y 1 Timoteo 4:3, nos advierten de no quedar atados a preceptos y ordenanzas de los hombres que según Pablo, no tienen ningún valor porque no son duraderos, sino que se destruyen con el uso. Prohibiciones de tocar o probar. Abstenerse de comer alimentos que Dios proveyó, de casarse. El apóstol Pablo, obviamente inspirado por el Espíritu, hablaba de su tiempo pero, como todo lo que viene de Dios, se anticipaba a los próximos siglos. Y esas prohibiciones siguieron existiendo en muchas iglesias cuando, en Cristo, hay libertad plena, dentro de la madurez cristiana. Pero libertad al fin y no esclavitud a mandamientos de los jerarcas eclesiásticos que plantean demandas duras de cumplir, obligaciones que las Escrituras no nos exigen. Porque el sacrificio lo hizo Jesucristo en la cruz sufriendo por nosotros.

1- www.bibliavida.com/cristianismo/todos-hemos-escuchado-de-la-cuaresma-pero-que-es-la-cuaresma.html/?utm_source=stormpost&utm_medium=email&utm_campaign=articlefeature

 

 

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