¿Quién es un “chanta”?

RICHARD: Escuché muchas veces que se acusaba a otra persona con la frase: “¡Qué chanta!”. ¿Podrías explicarme qué significa? ¿Quién es un chanta?

SEBA * : Es una expresión pintoresca y bastante insultante que se dice muy a menudo acá en Argentina. El chanta es una persona a la que tenemos en baja estima. El término conlleva una evaluación muy negativa del carácter de una persona.

RICHARD: ¿Por qué?19mrpuzzled-color

SEBA: El chanta es alguien que suele presumir de lo que no sabe o lo que no tiene, alguien que se muestra demasiado confiado sin motivo que lo justifique, alguien que aparenta conocimiento e inteligencia cuando en realidad carece de ambas. Es una persona para nada fidedigna, porque su palabra no tiene ningún valor.

RICHARD: Eso suena muy mal. ¡Espero poder evitar referirme a alguien de esa manera! Pero por otro lado, en un sentido más amplio, esa descripción me recuerda a lo que la Biblia llama “necio”.

SEBA: ¿Por qué?

RICHARD: En el sentido en que lo describís, somos todos chantas, me incluyo yo también, porque la Biblia nos muestra que todos nosotros llevamos a un gran necio en el corazón a causa del pecado. Todos tendemos al orgullo y la duplicidad. Todos tratamos de lograr lo que queremos de una forma tramposa por momentos.

SEBA: Está bien. Pero hay otro aspecto importante e incómodo que hace que a los argentinos el término nos resuene en relación con nosotros mismos y nuestra cultura. Específicamente, el término también habla de una falta de sinceridad en las palabras y las acciones. Una búsqueda rápida en Google alcanza para demostrarlo. El chanta es alguien nada digno de confianza, que engaña para aprovecharse de la gente, que no cumple sus promesas y carece de credibilidad. Es una persona que tiene poca voluntad de hacer cosas que requieran esfuerzo o de cumplir con sus obligaciones, en especial si eso implica trabajar.

RICHARD: Seguí, te escucho…

SEBA: Creo que los argentinos somos bastante conscientes de esto e incluso lamentamos esta falencia que ocurre a nivel nacional. Por ejemplo, me vienen a la mente algunas frases de una canción popular que se escribió sobre Argentina durante el último Mundial de fútbol. Se llama “Somos de Acá”. Dice cosas como “de nuestro chamuyo, industria nacional”, “si la vida miente, le cantamos ‘falta envido’”, y “somos la soberbia y la chispa genial”. Vemos la misma idea también en dichos argentinos como “El que hizo la ley, hizo la trampa”.

RICHARD: Bueno, voy a ser honesto. A pesar de que me encanta la cultura argentina y la admiro en muchos sentidos, en el transcurso de los seis años que llevo viviendo en el país me encontré con una larga lista de personas que prometieron llamarme y no llamaron, que se comprometieron a conseguirme esto o lo otro y no hicieron nada, que dijeron que iban a venir o asistir en tal fecha y hora y ni aparecieron, que propusieron llevar adelante tal acción, actividad o proyecto pero no le dieron ningún seguimiento ni se hicieron cargo. Lo triste es que casi todos estos ejemplos sucedieron en círculos cristianos.

SEBA: Suena bastante parecido al fenómeno que describía, o al menos es parte de lo que significa ser un chanta. Hay que tener en cuenta que, si bien muchas personas son irresponsables, poco claras e incumplidoras, muchas veces no lo hacen con mala intención. O sea, no se están riendo a tus espaldas ni lo hacen a propósito para aprovecharse de uno, aunque los peores chantas sí se comportan así. A veces las personas nos dicen lo que queremos escuchar porque no quieren decepcionarnos. Quizá pretendan ponerse al día más adelante.

RICHARD: Está bien. Pero, si soy sincero, hay otra costumbre que ahora me pregunto si también entra en la categoría de la duplicidad y la falta de transparencia. En Argentina me encontré con que es un desafío llegar a conocer a fondo a las personas. Me viene a la mente la forma en que la gente se saluda comúnmente. Por ejemplo, si vos me decís: “¿Cómo estás? ¿Todo bien?” y yo respondo: “Todo bien, por suerte”. ¿Qué significa en realidad ese intercambio? ¿Es solo una forma de cortesía convencional o también se intenta ocultar la verdad? Porque quizá la verdad es que estoy mal y muy dolido, pero al responder así no revelo nada. O quizás estoy atravesando un problema enorme que todavía no está resuelto, pero no soy sincero al respecto. Es una pregunta que ronda mi mente. ¿Vos qué pensás?

SEBA: Puede ser. La verdad es que no sé bien y necesitaría pensarlo mejor. Pero hay otros aspectos del término chanta que me gustaría comentarte.

RICHARD: Bueno, sería muy útil.

SEBA: Si bien la canción que mencioné claramente presume de nuestro orgullo nacional y nuestra capacidad de sobreponernos a las adversidades, también da fe de lo que nos avergüenza de nuestra cultura y de una duplicidad generalizada. Primero que nada, para muchos argentinos ser un chanta es algo digno de admiración. El engaño, la astucia y la manipulación son extremadamente útiles como virtudes maquiavélicas para obtener lo que queremos. Esa actitud se refleja en otra frase de la canción. Mientras que algunos extranjeros describen al argentino de forma negativa llamándolo “chanta”, el argentino responde orgulloso: “por la furia y la emoción, el orgullo y el dolor de ser un maldito argentino, uno más, igual que vos”. También hay un verso de un tango muy conocido que dice: “El que no llora, no mama y el que no afana es un gil”.

RICHARD: Un momento. ¿Estás diciendo que de alguna manera la cultura argentina por sí misma es chanta? ¿Creés que la nación de verdad merece esta evaluación negativa?

SEBA: Sí, lamentablemente creo que sí. Pero tengo sentimientos encontrados en cuanto a la canción y el término “chanta”. Tal como lo expresa la canción, en nuestra historia cultural hay razones que explican por qué algunas personas reaccionan con una actitud de chanta cuando se les presentan circunstancias adversas. Por ejemplo, después del “Corralito” y la crisis financiera del 2001, los argentinos mostraron una capacidad de sobreponerse y adaptarse a las situaciones difíciles. Pero por otro lado, muchos argentinos, aunque sin duda no todos, se volvieron cada vez más desconfiados y algunos creen que la única manera de evitar volverse víctimas de mentirosos y traidores es ser “el más vivo”, ser más astutos y tramposos que los demás. En ese sentido, vos siendo extranjero quizá no llegues a comprender totalmente la canción, ni el orgullo y la vergüenza que nos provoca el chantajeo argentino.

RICHARD: Puede que tengas razón. Pero pensaba que viví muchos años en Europa central después de la caída del comunismo y muchas personas tenían una actitud similar. Aprendieron por las malas que la única forma de sobrevivir en ese contexto era por medio de la manipulación y el engaño. Hasta tienen refranes que reflejan ese punto de vista, como por ejemplo: “Los sóviets fingen pagarnos y nosotros fingimos trabajar”.

SEBA: Sí. Suena similar. Hay otro aspecto de nuestra cultura que deberías saber. Algunos sectores de nuestra sociedad tienden a tener una actitud intolerante hacia ustedes los gringos. Existe esa sensación de que los estadounidenses se consideran superiores al resto del mundo y a nosotros. El estereotipo es que vienen a nuestro país a “iluminarnos” o “salvarnos”.

 RICHARD: Entiendo, pero…

SEBA: Voy a ser más preciso. Al poner de relieve este aspecto negativo de nuestra cultura, vas a encontrar mucha oposición y hostilidad. Pero si somos imparciales y honestos, una reacción como esa perdería de vista el propósito de tu mensaje. Muchas personas van a quedarse solo con la crítica. Y porque sos estadounidense, van a rechazar rápidamente lo que tengas para decir, porque piensan que hablás desde la posición de alguien que se cree superior. Pero esa actitud también deja entrever mucho sobre los argentinos: muchos tienen un sentido profundo de su propia baja autoestima, una tendencia a defenderse con arrogancia y un concepto distorsionado de su propia superioridad que reafirman desde la victimización.

RICHARD: Es una autoevaluación muy cruda de tu cultura. Aunque, desde luego, sabrás que mi cultura también tiene sus propias falencias.

SEBA: A ver, te escucho.

RICHARD: En resumen, los norteamericanos muchas veces actúan como si fueran los dueños del mundo y como si fueran la única esperanza de toda la especie humana. Mi esposa y yo a menudo nos reímos de todas esas películas que nos retratan como los salvadores de la humanidad, que libran al mundo de todo tipo de amenazas. Cada tanto le digo que es afortunada por estar casada con un “yankee”. Pero es verdad que muchas veces nos entrometemos en los asuntos internos de los demás, o que creemos que tenemos todas las repuestas y sabemos cuál es la mejor manera de resolver todos los problemas. Eso es orgullo cultural, no cabe duda.

SEBA: Todo eso se corresponde con el estereotipo negativo que tenemos de su nación. De todos modos, vos sos teólogo, contame qué nos dice la perspectiva bíblica sobre los pecados e ídolos culturales.

RICHARD: Bueno, en primer lugar, el término chanta no debería caracterizar a la iglesia y a los cristianos, ni de acá ni de ningún otro país, porque nos hacemos llamar seguidores del “Dios de verdad” (Isaías 65:16): “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad” (1 Juan 1:6). Como cristianos, deberíamos hablar y actuar en conformidad con nuestras verdaderas intenciones y siguiendo la verdad con amor. Eso me recuerda a la persona que retrata en el Salmo 15. El salmista pregunta: “¿Quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo?” (versículo 1). Las respuestas son bastante reveladoras y van en contra de toda falsedad y engaño: “El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón” (versículo 2); “El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino” (versículo 3); y “El que aun jurando en daño suyo [o perjuicio propio], no por eso cambia” (versículo 4b). Entonces, ¿quién es un chanta? No deberías serlo vos, que sos argentino, ni yo, que soy estadounidense. Y claramente tampoco debería serlo la persona que “habitará en [su] tabernáculo”.

 SEBA: Interesante. Seguí, te escucho.

 RICHARD: OK. En segundo lugar, desde mi lugar de extranjero no estoy exento de la crítica de la Biblia, ni yo como persona ni mi cultura. Por ejemplo, según la cosmovisión bíblica, todas las culturas y pueblos están sujetos a la evaluación bíblica. A lo largo de la Biblia, podemos ver que se juzgan el pecado y la idolatría de todas las culturas y cosmovisiones desde un punto de vista social, político, económico y religioso. Llegará el día en que todo individuo y nación tendrá que rendir cuentas de sus valores y costumbres delante del trono de Dios, para bien o para mal.

 SEBA: ¿Tiene un nombre este tipo de evaluación?

 RICHARD: Por supuesto. De hecho, tiene varios nombres. Estoy hablando de apologética cultural, teología elénctica o teología polémica. Es algo que la Biblia aplica constantemente.

SEBA: OK.

RICHARD: Para terminar, voy a darte un ejemplo breve tomado de mi propia experiencia. Después de pasar muchos años como misionero en Europa central, finalmente caí en cuenta de que los cristianos de Norteamérica envuelven la Biblia con la bandera o el dólar estadounidense hasta tal punto que es difícil separar la democracia o el capitalismo del Evangelio. Esta evaluación sana y humilde mi propia cultura me planteó algunas preguntas complejas: ¿Será que la conversión necesariamente conlleva la prosperidad económica? ¿Está bien que las misiones pretendan clonar a los occidentales? ¿Es necesario que los nuevos convertidos se vistan, se comporten, piensen e inviertan su dinero de la misma manera que los cristianos de Norteamérica y Europa occidental?

SEBA: Quizás este tipo de evaluación personal y cultural nos sería de mucho provecho acá en Argentina. Creo que es importante distinguir entre los aspectos positivos y negativos de nuestra cultura tomando la Biblia como guía.

RICHARD: Sí, pienso lo mismo.

*Seba nació en Argentina y vive en Buenos Aires.

 

 

 

2 comentarios

  1. Recién hoy, 16 de Febrero de 2017, leo este artículo. Quiero comentar que la palabra chanta proviene del italiano “chantapufi”, que significa clavador. Los inmigrantes italianos que se establecieron en la zona de Tigre (Argentina), tenían trabajo en las fábricas de cajones de embalajes de todo tipo de frutas y verduras. Ellos tomaban las tablas cortadas y las clavaban según los modelos que tenían. Por eso un chantapufi era un clavador. De ahí deriva el apócope CHANTA, y el vocablo despreciativo “chantón” o “chantún”. Con respecto a la manera de ser y vivir del argentino, es interesante lo que escribió el filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset, en su monumental obra “El Espectador”, dedica un capítulo entero titulado ” El hombre a la defensiva” (1929). Ortega y Gasset estuvo en la Argentina un breve tiempo, pero lo justo para hacer una radiografía del “guarango argentino”, único en el mundo. En él se conjuga el chanta pero también el soberbio y orgulloso, que lo sabe todo, y jamás es capaz de decir “esto no lo sé ” o “esto no lo sabía”. El guarango chapea enseguida cuando ve que en una conversación lleva las de perder: ” … mire que yo llevo más de treinta años en esto …”
    “… parece que ud. no se da cuenta que tengo el título de (ingeniero, médico, arquitecto….etc.)” . Y así.él se ve en una imagen que no es su realidad. Por eso es difícil transmitir la realidad del Evangelio de Cristo a un argentino. La única forma es la que nos enseñó Jesús : amor con paciencia y coherencia entre lo que declaramos y hacemos. En fin, siendo íntegros , no solamente contamos con el favor de Dios, sino que es mucho más factible que nuestros compatriotas relacionados con nosotros nos escuchen. Saludos, y muchas gracias por el artículo, el cual me parece muy bueno.

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