La carta de Jeremías

Ante el augurio de la destrucción de Israel a manos de Nabucodonosor, el rey de Babilonia, la respuesta más esperable era luchar contra los babilonios o huir. De hecho, muchos israelitas optaron por una u otra alternativa. Sin embargo, el consejo de Jeremías fue distinto (Jer. 29:4-20).

En primer lugar, en contra de toda expectativa, el profeta los exhortó a someterse a los gobernantes babilonios y anunció que Judá no permanecería en cautiverio, sino que sobreviviría a la diáspora, gozaría de cierta medida de autonomía cultural y económica, e incluso prosperaría en el exilio. En segundo lugar, podrían mantener su identidad étnica distintiva y guardar las disciplinas que como pueblo cumplían en conformidad con su pacto con Dios. En tercer lugar, Jeremías afirmó que el exilio era el propósito y la provisión de Jehová para el remanente santo. No obstante, seguir el consejo del profeta demandaría armarse de un enorme coraje y mucha fe.

La carta de Jeremías a los cautivos explica cómo debían pensar y qué debían hacer en Babilonia:

Así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel, a todos los que he deportado de Jerusalén a Babilonia: “Construyan casas y habítenlas; planten huertos y coman de su fruto. Cásense, y tengan hijos e hijas; y casen a sus hijos e hijas, para que a su vez ellos les den nietos. Multiplíquense allá, y no disminuyan. Además, busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al Señor por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad” (Jer. 29:4-7 [NVI]).

            El punto más importante en estas líneas es que Dios mismo los deportó: él los envió a Babilonia. El lugar donde se hallaban viviendo en aquel momento no era producto de meras circunstancias desafortunadas. Más bien, estaban allí porque fueron deportados por la expresa voluntad de Dios. Es más, Dios los envió para que cumplieran una misión.

Los lectores de esta carta conocían la historia del Antiguo Testamento, su cosmovisión y el pacto entablado con Dios en este período. En los imperativos (“construyan”, “planten”, “multiplíquense”), podían discernir alusiones a la creación, a Canaán y al pacto. Reconocían que construir y plantar eran actividades que solo podían realizar las criaturas creadas a la imagen de Dios y designadas como sus representantes. De hecho, cuando los seres humanos construyen y edifican, lo hacen como aprendices de Dios, el gran Arquitecto. Jeremías y sus lectores sabían que Dios había plantado un jardín en el cual florecía “todo árbol deleitable a la vista y bueno para comer” (Gn. 2:8-9).

En Jeremías, los términos “construir” y “plantar” aparecen juntos en muchas ocasiones (Jer. 1:10; 24:6; 31:4-5, 28; 35:7; 42:10; 45:4). Asimismo, el verbo “multiplicar” se presenta en otros tres pasajes. Dios promete multiplicar a su pueblo: “Yo mismo reuniré al resto de mis ovejas. Las haré venir de todos los países por los que las esparcí, para devolverlas a sus apriscos. Allí se reproducirán y se multiplicarán” (Jer. 23:3; ver también Jer. 30:19; 33:22). En efecto, Adán y Eva recibieron el mismo mandato de multiplicarse (Gn. 1:22, 28), al igual que Noé (Gn. 9:1). Luego, cuando Dios entabló su pacto con Abraham, le prometió que lo multiplicaría “en gran manera” (Gn. 17:2; ver también Éx. 32:13; Lv. 26:9).

Más adelante en la misiva de Jeremías, Dios reveló cuál era su intención en el largo plazo, cuán grande era el amor que les guardaba por el pacto que los unía a él, y cuál era su compromiso con ellos: “Cuando se cumplan los setenta años de Babilonia, yo iré a visitarlos, y les cumpliré mi promesa de hacerlos volver a este lugar. Solo yo sé los planes que tengo para ustedes. Son planes para su bien, y no para su mal, para que tengan un futuro lleno de esperanza” (Jer. 29:10-11). En términos enfáticos, Dios anticipó la restauración y multiplicación de Israel luego del exilio (Jer. 30:18-19). Sin embargo, hasta que ese momento llegara, deberían cultivar su identidad espiritual en un contexto exílico.

Además, en el versículo 7, Dios manda a los cautivos a adoptar una conducta totalmente inesperada e implausible: “busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al Señor por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad”. En parte, este mandato era pragmático, dada la situación de dependencia económica e impotencia militar que atravesaba Israel. Sin embargo, el verbo “busquen” también denota deliberación e intencionalidad. A su vez, el sustantivo “bienestar” (en el hebreo shalom) indica paz y plenitud en el bien común, así como condiciones concretas que favorecen la seguridad y la prosperidad (Lv. 26:6-10; Dt. 23:6; 2 R. 20:19; Sal. 122:7).

Por lo tanto, en Jeremías 29:7, los cautivos recibieron el mandato de “buscar el bienestar” de sus captores… ¡por el propio bien de los israelitas! Tenían la orden de procurar la paz, la prosperidad y la seguridad de Babilonia.

Un autor advirtió la ironía: “La oración por el bienestar de Jerusalén se torna aquí una oración por el bienestar de aquella misma ciudad que conquistó Jerusalén […]. El lugar donde Jehová podía ser hallado ya no era el templo de Jerusalén, sino la ciudad del conquistador, un territorio foráneo e impuro”. Como si eso fuera poco, Dios mandó a Jeremías que no intercediera por Jerusalén (Jer. 7:16; 11:14; 14:11).

Claramente, el consejo de Jeremías era contrario al sentido común. ¿Qué aprendizaje “contrario al sentido común” podemos adquirir nosotros de este ejemplo para aplicarlo a nuestras responsabilidades cívicas en nuestras respectivas naciones hoy? ¿Sientes que estás padeciendo un exilio interno aun dentro de tu propio país? ¿Qué podría significar, en tu contexto, buscar la paz y el bienestar de tu nación?

Traducido por Micaela Ozores.

Este artículo es la adaptación de un extracto de un libro inédito que se publicará próximamente: Such a Mind as This: A Biblical-Theological Study of Thinking in the Old Testament (“Una mente dispuesta a temerme”: un estudio bíblico-teológico del pensamiento en el Antiguo Testamento). Utilizado con permiso de Wipf and Stock Publishers (www.wipfandstock.com).

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