Jardines comunitarios

Imaginemos, por un momento, que la cosmovisión bíblica es como una pequeña huerta de suelo fértil. Si plantamos una idea o a una persona en un terreno tan rico y fecundo, crecerá una hermosa y abundante cosecha. Ahora, demos un paso más e imaginemos cuántas más plantas crecerían en un jardín entero.

Ese jardín bien podría ser una comunidad de aprendices (sea formal o informal) pensada para cultivar mentes cristianas para la gloria de Dios y la bendición de la humanidad. Tan sólo, imaginemos el enorme impacto que tendrían, con el paso del tiempo, incontables jardines comunitarios. En el largo plazo, los efectos de aprender y ahondar en la Palabra de Dios tendrían un alcance expansivo en la iglesia y en el mundo. Consideremos algunos de los posibles frutos.

Arrepentimiento
Los aspirantes a pensadores se volverían a la Biblia en un acto de adoración. Evaluarían a quién escuchan y de qué fuentes adquieren conocimiento. Se apartarían de las voces negativas y los mensajes engañosos. Aprenderían a distinguir entre lo trivial y lo trascendente. Reinvertirían sus capacidades intelectuales, volcándolas esta vez en lo que es verdadero, bueno y bello. Desarrollarían virtudes intelectuales en concordancia con las Escrituras.

Aprendizaje
Los aprendices reconocerían, con toda su mente, alma y fuerzas, esta verdad esencial: “no sólo de pan vive el hombre, sino que vive de todo lo que sale de la boca del Señor” (Deuteronomio 8:3). Aprenderían sobre la historia, los pueblos, los temas y la visión de la Biblia. Estudiarían las culturas del antiguo Cercano Oriente y Palestina. Practicarían el razonamiento intertextual y aprenderían a pensar como los autores bíblicos. Escucharían a miembros de la comunidad de todo el mundo y aprenderían más de la tradición teológica de la iglesia. Estos pensadores renovados aprenderían a temer al Señor y crecerían sabiduría.

Servicio
Los aspirantes adquirirían más sabiduría para servir a sus culturas, enseñar en sus iglesias locales y acompañar, como mentores, a los futuros líderes de sus comunidades. Algunos se distinguirían en el servicio en el mundo, para la gloria de Dios, como lo hicieron José y Daniel. Otros, serían embajadores de Dios en la esfera pública, como lo fueron Dorothy Sayer y C. S. Lewis. Incluso, habría quienes prestarían un servicio evangelístico, como lo hizo Francis Schaeffer y como, hasta el día de hoy, lo hace Tim Keller.

Mayordomía
Los pensadores maduros son mayordomos y administradores sabios que honran a Dios en sus labores de aprendices para el liderazgo, edificadores, benefactores y pensadores. Examinan el mundo a partir de presuposiciones bíblicas. Reafirman lo que es positivo y promueven el bien común. También, critican y desafían la maldad y el engaño. Demuestran el evangelio de maneras intelectualmente plausibles y existencialmente verosímiles, “siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en [ellos]” (1 Pedro 3:15).

Tan sólo, imaginemos el impacto positivo que tendrían estos jardines comunitarios: cultivarían las mentes cristianas en el largo plazo para la gloria de Dios y para la bendición de la humanidad.

Traducido por Micaela Ozores

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