Extraño la Navidad

Extraño la Navidad, pero, honestamente, lo que en realidad extraño es “ese” tipo de Navidad.

Extraño la Navidad tal como la viví en Estados Unidos por casi 60 años.

Extraño el frío y que, con algo de suerte, también haya nieve.

Extraño el fuego en la chimenea y el calor hogareño de la cocina a leña.

Extraño las medias navideñas colgadas de la repisa del hogar.

Extraño la música: los himnos navideños e, incluso, las canciones tradicionales populares (no todas; por ejemplo, no me gusta “I Want a Hippopotamus for Christmas”).

Extraño decorar el árbol de Navidad con mi familia y poner la estrella en la punta, mientras escuchamos canciones navideñas.

Extraño el caos de la mañana de Navidad cuando abrimos los regalos, uno por uno, para que todos puedan disfrutar viendo los regalos el uno del otro.

Extraño la fiesta anual de Navidad con mis amigos cristianos, nuestro divertido intercambio de regalos, y el momento en que nos quitamos unos a otros los regalos que más nos gustan.

Extraño la reunión de la iglesia en Nochebuena. 

Extraño cantar villancicos con la iglesia, yendo de casa en casa por el vecindario.

Extraño ver las iglesias decoradas de rojo, verde y blanco, con plantas de poinsettia alrededor del altar.

Extraño los decorativos navideños en los espacios públicos.

Extraño disfrutar del abundante y variado desayuno de la mañana de Navidad (huevos, tocino, salchichas, tostadas francesas y ensalada de frutas) con toda la familia.

Extraño el pavo, jamón o cordero de la cena de Navidad.

Extraño las comidas y bebidas especiales de la temporada navideña.

Aun así, hay algunas cosas que no extraño: la comercialización de la Navidad norteamericana, que se ve en cosas como la forma en que se decoran los jardines de la entrada de las casas, con caricaturas inflables enormes que no tienen nada que ver con Cristo. También me molestan los eventos deportivos que se realizan el mismo día de Navidad.

De todos modos, siguen siendo muchos los aspectos de la celebración estadounidense que me gustan, en especial, la música y las actividades de la iglesia. Extraño mucho la Navidad de mi país.

Como extranjero que vive en Argentina, todos los años sufro esta temporada. ¿Cómo puedo celebrar la Navidad con tanto calor y palmeras? 😉

En términos culturales, la Navidad aquí es bastante secular. Para mí, parece sólo una oportunidad más de reunirse en familia y con amigos para comer un asado, o para salir a bailar, tomar Fernet y hacer un brindis. De hecho, es como una versión de Año Nuevo en menor escala: igual que el 31 de diciembre, hay comida, bebida, un brindis, fuegos artificiales, pero no se habla mucho de Jesús.

Extraño la Navidad, mi Navidad, a pesar de que Cristo esté cada vez menos presente en mi nación con el paso de los años.

En cierto sentido, veo, incluso, menos de Jesús en Argentina.

Supongo que esto se debe sólo a un prejuicio cultural, ¿no?

Traducido por Micaela Ozores

 

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