La imagen de Dios y la educación

La Biblia enseña que los seres humanos, varones y mujeres, fuimos creados a imagen de Dios. Eso significa que somos seres creativos. Dios, el Creador original, hizo al hombre y a la mujer con la capacidad de usar su creación para modificar y reordenar la materia prima que él provee y convertirla en cosas nuevas. Así, podemos crear cosas hermosas y útiles, como cuadros, puentes, casas, extremidades artificiales, software y música.

Para hacer esto, necesitamos desarrollar nuestras capacidades intelectuales. Necesitamos educación, porque otro aspecto crucial de lo que significa ser imagen de Dios es que también somos pensadores y aprendices. El aprendizaje es una parte intrínseca de lo que significa ser imago Dei. Si queremos amar a Dios con nuestra mente y amar a los demás (Mr. 12:30), educar la propia mente es bueno y necesario, incluso una disciplina espiritual, una parte esencial de nuestra santificación.

Tomemos un ejemplo de la historia de la iglesia. Durante los siglos iv y v d. C., los bárbaros avanzaron por toda Europa y destruyeron casi todo lo que encontraron a su paso, incluso libros y librerías, pero los monjes irlandeses volvieron a llevar educación a Irlanda. Esta nación fue un territorio peligroso e incivilizado hasta la llegada de Patricio, quien fue como maestro y misionero cristiano.

Un cristiano iletrado era una contradicción de términos.

Los irlandeses eran analfabetos, pero en la medida en que las personas se convertían a Cristo, Patricio empezaba a enseñarles, partiendo por las competencias básicas, como la lectura y la escritura. Más adelante, proseguía con una educación más avanzada para algunos.

Patricio empezó a fundar centros educativos, llamados monasterios, por toda la isla. Estos monasterios definieron a Irlanda como nación y como pueblo durante siglos. Con el paso del tiempo, la mayoría de los monasterios se convirtieron en comunidades autosustentables, “ciudades monásticas”. Muchas de ellas fundaron escuelas de estudios avanzados. Durante el siglo vi, algunas de estas escuelas obtuvieron renombre por su nivel académico. Algunas atraían a miles de estudiantes, muchos de ellos extranjeros.

Para estos cristianos irlandeses de los primeros siglos de la iglesia, era sabido que el servicio a Dios exigía una educación vasta y exhaustiva. Un autor dijo: “El peligro del conocimiento era bien sabido, pero se consideraba que el peligro de la ignorancia era incomparablemente mayor. Para la mente irlandesa, un cristiano iletrado era una contradicción de términos”.

Entonces ¿cómo podríamos generar un cambio sustancial en nuestras sociedades para la gloria de Dios y a través de la educación? Quiero sugerir una serie de principios y prácticas.

  • Empecemos por nuestras iglesias. Tenemos que conocer la Biblia, saber de teología y conocer nuestra cultura. Necesitamos honrar la erudición y el aprendizaje. Las iglesias deberían ser centros educativos.
  • Cooperemos con todos los esfuerzos por mejorar nuestra condición humana, incluso cuando nuestras motivaciones sean distintas de quienes tienen otras cosmovisiones.
  • Compartamos el disfrute de la creatividad humana y aplaudamos los logros valiosos de las personas que no están de acuerdo con nosotros.
  • Apoyemos la alfabetización, la educación especial y el acceso equitativo a las oportunidades educativas para todos, sin importar su clase social o nivel económico.
  • Fomentemos la excelencia pedagógica. (Consideremos el siguiente ejemplo: “Nuestro profesor muestra mucho interés por nosotros. Siempre va a sus clases bien preparado. Sus lecciones son interesantes de principio a fin. Siempre hace muchas preguntas e intenta incentivar la participación en clase. Nos mostró un mundo nuevo, una forma nueva y entretenida de aprender”.)
  • Respaldemos la integridad pedagógica. Las calificaciones y los títulos no están a la venta. Los estudiantes no deben ser manipulados, maltratados ni agredidos de ninguna manera ni por ningún motivo.

Si somos maestros y también seguidores de Jesucristo, debemos ejemplificar esos principios y esas prácticas, porque entendemos que algún día rendiremos cuentas por nuestros actos en la tierra. Según la Biblia, los maestros tienen una responsabilidad particularmente importante (Stg. 3:1).

Además, tenemos que alentar la aplicación de estos principios y prácticas para la gloria de Dios. ¿Por qué? Porque los seres humanos somos creados a la imagen de Dios. Somos pensadores y aprendices. Somos co-creadores con Dios.

(Si desea ahondar más en este tema, lea El servicio de un académico cristiano misional bajo el señorío de Cristo, de Granville Pillar.)

Traducido por Micaela Ozores

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