El servicio de un académico cristiano misional bajo el señorío de Cristo (por Granville Pillar)

Granville Pillar, PhD European Director
Global Scholars

Siendo un académico cristiano misional, me encuentro en una posición de trascendencia eterna desde la cual puedo cambiar vidas. Tengo la oportunidad de personificar ante mis alumnos, tanto dentro como fuera del aula, principios que cambian la vida. En la Biblia, vemos que Jesús marcó una diferencia en la vida de sus alumnos (discípulos). Teniéndolo a él como modelo, he determinado que esa sea mi propia misión personal: marcar la diferencia en la vida de mis alumnos y colegas para bien, por medio de mis enseñanzas, estudios y servicio.

Mi declaración de visión
Estando bajo el señorío de Cristo, mi visión como académico cristiano misional es estar totalmente comprometido con el primer mandamiento como misión y con la gran comisión como mandato, siendo un siervo para mis alumnos, colegas de la facultad y empleados administrativos de la universidad, por medio de la formación, educación, tutoría e investigación que lleve adelante.

Ser un profesor que cumple el primer mandamiento, el mayor de todos, significa más que integrar la fe con el aprendizaje; significa integrar la fe con la vida. Jesús nos dice que apliquemos el amor que profesamos a Dios con nuestro corazón, nuestra alma y nuestra mente, por medio del amor a los demás. Una aplicación tal genera un cambio en el trabajo, el hogar, la iglesia y la recreación, y afecta los elementos más básicos de nuestra vida cotidiana, puesto que todo pensamiento debe ir acompañado de una acción.

Esto significa que debo buscar servir a los demás demostrando el amor de Dios a estudiantes, colegas y otras personas con quienes tengo contacto. Debo mostrar amor y respeto hacia aquellos que sirvo. Debo intentar trabajar para que ellos puedan recibir lo mejor. Como observa Francis Schaeffer: “Si no expresamos amor los unos por los otros, el mundo tiene derecho a cuestionar si el cristianismo es verdadero”.

Las implicancias de estar comprometido con el primer y gran mandamiento son para mí un llamado a ser amistoso con mis alumnos en los sistemas de enseñanza que aplico y un llamado a estar orientado al servicio en mi trato con el personal docente y administrativo de la universidad. En el fondo de este compromiso, yace la demostración visible de la valoración de los demás y la personificación del amor y el perdón de Cristo.

Mi declaración de filosofía educativa
Estando bajo el señorío de Cristo, mi mirada filosófica de la educación es la brújula que me guía. Me muestra el camino para que sepa concentrarme en por qué tomo las decisiones que tomo cuando armo el programa de un curso, cuando enseño en el aula y cuando interactúo con mis alumnos dentro y fuera del aula. Con ella y a través de ella, puedo ver más claramente cuando defino mis objetivos y evalúo los resultados. Es una descripción de mis metas y creencias como profesor.

Un profesor cristiano en un contexto educativo secular
Al momento de definir y elaborar mi filosofía de la educación, consideré los siguientes puntos: mi experiencia cristiana, mi visión sobre el propósito de la educación, mi acercamiento a la enseñanza y mi rol como educador.

Mi experiencia cristiana
Por la gracia de Dios, soy una persona de convicciones evangélicas reformadas y mi fe y mi vida se han visto nutridas por relaciones con amigos, familia, líderes y consejeros cristianos, por una relación personal con Jesucristo por más de 40 años y por el entrenamiento y la experiencia en el ministerio pastoral y el de la enseñanza por más de 30 años.

El propósito de la educación
Como educador cristiano, considero que el propósito de la educación es “[alcanzar] todas las riquezas que provienen de la convicción y el entendimiento, para que [mis alumnos] conozcan el misterio de Dios el Padre y de Cristo, en quien se hallan escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:2-3).

Mi acercamiento a la enseñanza
La cosmovisión subyacente es teísta y bíblica, en el sentido de que la Biblia es el fundamento para todo lo que digo y hago, lo cual se traduce en conductas distinguiblemente cristianas.

Mi rol como educador
Interpreto e integro todo mi conocimiento y experiencia a través de la lente hermenéutica de las Escrituras. Enseño de forma activa y con propósito, a fin de cumplir mi rol de nutrir y dar forma a la mente de mis alumnos. Comunico claramente y de forma efectiva, no sólo el contenido del plan de estudios, sino también destrezas y valores para la vida basados en las Escrituras. Busco ser modelo de una competencia educativa y piadosa para despertar en mis alumnos una cosmovisión bíblica y robusta y la capacidad de empezar a sortear el mundo en el que viven. Esto se demuestra de las siguientes maneras:   

En lo académico, por medio de la enseñanza, haciendo un trabajo del más alto nivel y esperando lo mismo según los conocimientos y las capacidades del alumno.

En lo personal, siendo ejemplo y alimentando la autodisciplina con un estilo de vida basado en valores de las Escrituras.

En lo social, siendo modelo y fomentando las relaciones interpersonales sólidas, tanto dentro como fuera del aula, basándome en la preocupación desinteresada por el otro. Tal actitud es igualmente aplicable a mi relación con colegas de la facultad, con los administradores y con el resto del personal de la universidad.

Traducido por Micaela Ozores

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