“¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios!”

Pablo hace esta proclamación en Romanos 11:33, a pesar de que sabía que la nación de Israel estaba siendo socavada por los paganos, siendo consciente de que Dios había endurecido el corazón de Israel a causa de la desobediencia (Ro. 9-11). Antes de decir eso, él exclamo: “tengo una gran tristeza y un continuo dolor en mi corazón. Porque desearía ser yo mismo maldecido y separado de Cristo, por amor a mis hermanos, por los de mi propia raza” (Ro. 9:2-3).

¿Qué hace que Pablo alabe la gran sabiduría de Dios a sabiendas de que su nación está sujeta a un destino terrible?

La razón es que entendió que el evangelio llagaría hasta los confines de la tierra sólo a través del rechazo del Mesías por parte de Israel, nación que se negó a reconocerlo como tal. Claramente, la cosmovisión de Pablo era más amplia y más profunda que su nacionalismo o el legado judío del que aprendió desde la juventud. ¿Quién podía adorar a Dios por esta sabiduría imprevisible en tiempos como aquellos? Sin duda, sólo quienes estaban más comprometidos con el reino de Dios que con otros asuntos no tan prioritarios, como la cultura, la tradición y el bienestar personal.

Imagínense a Noé. En una era de profundas tinieblas, donde “era mucha la maldad de los hombres en la tierra” (Gn. 6:5), Dios declaró: “Borraré de la faz de la tierra al hombre que he creado, lo mismo que a las bestias, los reptiles y las aves del cielo. ¡Me pesa haberlos hecho!”. (v. 7). ¿Quién hubiera imaginado el diluvio, el arca o todos los animales? ¿Quién hubiera dicho que, después de eso, Dios establecería un nuevo pacto con la humanidad y la creación por medio de Noé? (Gn. 8:20-22) “¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios!”

O, imaginen nuestra época y nuestro contexto socioeconómico actual. ¿Podríamos confesar la gran sabiduría de Dios si todas aquellas cosas a las que estamos acostumbrados se revirtieran o, incluso, se destruyeran por la causa de su reino? ¿Qué pasaría si el evangelio avanzara por medio del sufrimiento de nuestra nación o mediante la pérdida de su poder y prosperidad?

Dios tiene prioridades más altas y objetivos en el largo plazo que podrían diferir con nuestra comodidad, nuestras preferencias políticas y económicas y nuestra tecnología de avanzada.

Por ejemplo, los eruditos bíblicos enseñan que la mayor amenaza para el evangelio y la iglesia en el mundo actual es el consumismo. ¿Imaginan una civilización sin consumismo? (ciertos religiosos radicales, anarquistas y marxistas desean con ansias su eliminación).

Hay un autor que llama al consumismo el McWorld y lo describe como una cosmovisión y una homogeneidad impuesta: un imperio de sabores, imágenes, marcas y estilos de vida basados en el sistema de valores de comida rápida de McDonald’s y en el sensacionalismo de Disney World. Acerca de este McWorld, él escribe y lo describe de la siguiente manera:

[Es] una experiencia de compras y entretenimiento que reúne shopping malls, multicines, parques temáticos, estadios deportivos, cadenas de comida rápida (con sus interminables vínculos con el cine) y la televisión (redes de compras) en una única y vasta empresa que, en su intento de maximizar las ganancias, transforma a los seres humanos… McWorld es por sí mismo un parque temático, un parque llamado Tierra de Compras, donde todo está a la venta, el responsable siempre es otro, no hay bienes comunes ni intereses públicos, y todos son iguales en tanto que puedan pagar el precio de admisión y se conformen con mirar y consumir.

¿Qué nos pasaría a nosotros, o qué pasaría con nuestro estilo de vida y nuestras iglesias, si McWorld dejara de existir tan como lo conocemos? ¿Qué pasaría si un desastre natural (una fulguración solar, un terremoto o una enfermedad) o una conflagración provocada por el ser humano (un atentado terrorista o una guerra nuclear regional) destruyera nuestra infraestructura económica y comunicativa? ¿Qué sucedería si Dios permitiera que esto suceda para promover el avance del evangelio y purificar a la iglesia? ¿Seríamos capaces de declarar: “¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios!”?

(¡Imagínense un mundo disfuncional sin teléfonos inteligentes ni hornos de microondas! Es interesante ver cuántas películas sobre supervivencia y “el fin de todas las cosas” se producen hoy en día. También hay mucha especulación sobre la “inmortalidad” por medio de la tecnología y la transmigración a otros planetas. Parece que hay una premonición implícita en la cultura popular.)

Según el libro de Apocalipsis 18:2-3, el juicio recaerá efectivamente sobre McWorld (el amor al dinero; ver 1 Ti. 6:10, Mt. 6:24, 1 Jn. 2:16-17). Apocalipsis describe esta transformación en términos gráficos usando el símbolo de la antigua Babilonia:

¡Ya ha caído! ¡Ya ha caído la gran Babilonia! Se ha convertido en refugio de demonios, en guarida de todo espíritu impuro; ¡está habitada de toda clase de aves inmundas y aborrecibles! Todas las naciones han bebido del ardiente vino de su inmoralidad sexual. Los reyes de la tierra han tenido relaciones sexuales con ella, y los comerciantes de la tierra se han enriquecido gracias a su impresionante prosperidad.

Apocalipsis también revela el cargamento de los botes que llevan bienes de lujo para la clase adinerada del Imperio romano. Estos bienes fueron adquiridos mediante la subyugación brutal y el imperialismo económico (vs. 11-13):

Y los comerciantes de la tierra llorarán y harán lamentación por ella, porque ya nadie les comprará sus mercaderías ni sus cargamentos de oro, plata, piedras preciosas, perlas, telas de lino fino y seda, de color púrpura y rojo, y toda clase de madera aromática, toda clase de objetos de marfil, y maderas preciosas, cobre, hierro y mármol; canela, especias aromáticas, incienso, mirra, perfumes, vino, aceite, flor de harina, trigo, bestias, ovejas, caballos y carros, y aun esclavos, que son vidas humanas.

Entonces, algunas preguntas que podrían plantearse los cristianos son: ¿Cuáles son tus prioridades? ¿Cuál es tu “primer amor” (Ap. 2:4)? ¿Es un estilo de vida determinado? ¿Es un sistema económico o político en particular? ¿Es una nación o cultura específica? Nuestra cosmovisión bíblica ¿es lo bastante profunda y amplia para enfrentar lo que sea que suceda? ¿Podríamos reconocer la sabiduría de Dios, incluso si nuestro mundo cambiara drásticamente?

De acuerdo con la Biblia, Dios tiene prioridades más altas y objetivos en el largo plazo que podrían diferir con nuestra comodidad, nuestras preferencias políticas y económicas y nuestra tecnología de avanzada.

“¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios!”

Traducido por Micaela Ozores

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