La fe según Daniel López Rosetti (Parte 1, por Fernando Saraví)

Daniel López Rosetti es un médico, especializado en medicina interna, cardiología y estrés, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés, bien conocido en los medios, que generalmente ofrece consejos sensatos sobre diversos aspectos de la salud humana. No obstante, su calidad de experto en algunos temas no implica que pueda expresarse con igual solvencia en otros.

Recientemente vi un segmento de un programa (El Noticiero de la Gente), conducido por Nicolás Repetto y Milva Castellini, donde la pregunta central era: “La fe, ¿ayuda a curarse?”. Lo primero que contestó el Dr. López Rosetti fue: “Todo lo que tenemos es resultado evolutivo y para algo sirve y hace millones de años que nosotros los seres humanos tenemos fe porque es una ventaja evolutiva.”

Paso por alto el detalle de que la especie Homo sapiens, a la cual pertenecemos, no tiene “millones de años” según ninguna estimación seria. Lo que me llamó la atención fueron las enfáticas afirmaciones “todo lo que tenemos es resultado evolutivo” y “tenemos fe porque es una ventaja evolutiva”.

Lejos de ser verdades científicas, ambas afirmaciones son meras opiniones carentes de fundamento.Con respecto a la primera, incluso admitiendo – por vía de hipótesis – que el ser humano sea producto de una evolución al modo neodarwiniano, de esto no se sigue lógicamente que “todo lo que tenemos” sea producto de tal evolución. Por ejemplo, se sabe que hay cambios rápidos en la talla – de una generación a la siguiente – causados por cambios en la alimentación.

Si fuera cierto que la fe es un mero producto de la evolución, entonces deberíamos poder demostrar la existencia de fe en especies no humanas. La razón es que, según esta teoría, la diferencia entre diferentes especies es primariamente cuantitativa más que cualitativa. El ser humano sería simplemente un animal más avanzado que otros, pero, por ejemplo, los demás primates también deberían poseer alguna clase de fe.

En la cosmovisión cristiana, si bien el ser humano es taxonómica y fisiológicamente un animal, existen diferencias cualitativas entre él y el resto de los animales. Por ejemplo, la capacidad cognitiva y comunicacional (lenguaje), la conciencia moral y la capacidad artística de la especie humana no tienen parangón en ninguna otra especie animal. La teoría evolutiva carece de explicaciones convincentes para estas diferencias. La revelación bíblica nos enseña que el ser humano es una creación singular, hecha a imagen y semejanza de Dios. Lo dicho se aplica también a la fe; no hay razón alguna para pensar que pueda ser el producto de meros mecanismos evolutivos naturales.

La segunda afirmación –  que tenemos fe porque es “una ventaja evolutiva” – es aún más cuestionable y gratuita.  En primer lugar, porque López Rosetti no explica lo que entiende por fe.  De su discurso puede inferirse que es una clase de confianza en algo o alguien de cuya existencia no se tiene, ni se puede tener, certeza. ¿De qué manera puede esto ser una ventaja evolutiva? ¿y cómo podría demostrarse que lo es?

Antes de considerar estas preguntas, es necesario aclarar que, según la teoría evolutiva más difundida, una ventaja evolutiva es aquella que proporciona mayor probabilidad de supervivencia de la especie, lo que en términos simples significa mayor éxito reproductivo. Por ejemplo, el impulso sexual proporciona naturalmente una ventaja evolutiva obvia, porque torna más probable la reproducción (aunque en tiempos recientes no necesariamente es así en la especie humana, debido al uso generalizado de métodos contraceptivos).

En esta perspectiva propia del evolucionismo, es difícil ver cómo la fe puede otorgar ventaja evolutiva alguna. Incluso aunque pudiera imaginarse alguna ventaja teórica, la ciencia no avanza ni se puede basar en meras conjeturas. Para ser tomada seriamente, cualquier hipótesis debe contrastarse por observaciones o experimentos relevantes. Una vez que se han reunido los datos, éstos deben analizarse para verificar si ratifican o contradicen la hipótesis, pero hasta donde sé, tal cosa no se ha hecho en el caso de la fe.

Es una costumbre muy común, y aceptada habitualmente sin objeción por quienes sostienen la teoría estándar de la evolución, afirmar que tal o cual proceso “evolucionó”, sin ofrecer ninguna evidencia sólida de real evolución ni mecanismo alguno mediante el cual pudo haber evolucionado en un escenario realista. Simplemente se supone que si es complejo y existe hoy, debe de haber evolucionado.  Sin embargo, a todas luces tal clase de afirmaciones distan de ser científicas en cualquier sentido significativo del término.

Dr. Fernando D. Saraví, Profesor Titular,
Instituto de Fisiología,
Facultad de Ciencias Médicas,
Universidad Nacional de Cuyo

Un comentario

  1. Excelente la explicación del Dr. Saraví, de hecho la mayoría de las conjeturas no tienen un fundamento no sólo científico (con estudios o datos comprobados) sino tampoco lógicos.

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