Progresismo a contramano (Por Salvador Dellutri, sobre aborto)

Los argumentos a favor de la ley del aborto estuvieron plagados de falacias, elaboradas intencionalmente para persuadir al público de que estábamos frente a una ley progresista, de avanzada y que quienes se oponen a la ley son personas retrógradas y retardatarias.

Lo que nadie dice es que el aborto ya era una práctica común en la antigüedad. Arqueólogos han encontrado instrumentos que se usaban para efectuar abortos en China, Persia e India. Los egipcios, quince siglos antes de Cristo, ya tenían recetas para abortar y, en el mundo grecorromano, se practicaba tanto el aborto como el infanticidio.

Plinio el Viejo, en su Historia Natural, habla de hierbas como el silfio, que podían usarse como abortivos. En Esparta, los recién nacidos eran controlados por un consejo de ancianos y, si no tenían el peso correspondiente o presentaban algún problema físico, eran arrojados desde el monte Taigeto.

En la República Romana, la patria potestad daba al padre la propiedad de sus hijos. El podía disponer de sus vidas, venderlos como esclavos o ejercer el derecho iux exponendi, abandonándolos fuera del hogar para que muriesen. En una carta de un ciudadano romano a su esposa embarazada, se dan las siguientes instrucciones: “Has de saber que sigo en Alejandría […] Te pido y ruego que te hagas buen cargo de nuestro hijo bebé, y tan pronto como reciba el pago, te lo enviaré. Si das a luz [antes de que regrese a casa], si es varón, mantenlo; si es una niña, deséchala.”

El movimiento abortista, lejos de ser “progresista”, sólo le hace el juego a las multinacionales imperialistas que pretenden, para Latinoamérica, una población envejecida como la europea y abre las puertas a las clínicas abortivas que están al acecho para instalarse en nuestro país.

En el siglo segundo, Tertuliano de Cartago, en su Apología, responde a los embates del imperio contra los cristianos, describiendo los infanticidios y la postura de los seguidores de Cristo: “… Lo más cruel es quitarles la vida [a los niños] ahogándolos en agua, exponiéndolos al frío, al hambre o a los perros. En cuanto a nosotros, no sólo nos está absolutamente prohibido el homicidio, sino que nos está prohibido también destruir al concebido cuando está en el seno materno. El impedir el nacimiento es un homicidio anticipado, y no hay diferencia entre quitar la vida ya nacida o destruir la vida en el nacimiento: también es hombre el que ya va a serlo, como todo fruto está ya en la semilla.”

Es claro entonces que, lejos de ser un avance progresista, la práctica del aborto nos remonta a un pasado ya discutido y superado. Creer que la ley del aborto es progresista, es dar marcha atrás en el avance de la civilización. Es la ley del aborto la que es retrógrada, retardataria y atenta contra los derechos humanos.

Los cristianos sostuvieron, desde el comienzo, la sacralidad de la vida y no fue sólo declamación. En el siglo IV es Fabiola, una mujer cristiana, quien funda el primer hospital del mundo. Durante la Edad Media, los cristianos llenaron Europa de hospitales donde se practicaron por primera vez los principios elementales de higiene, lavando las heridas con agua limpia, recetando dietas y calefaccionando los cuartos.  En el siglo II, San Giacomo redactó una carta pastoral donde indicaba que si alguien enfermaba se debía notificar a los presbíteros o a los diáconos y diaconisas para que fueran a auxiliarlo. En el siglo IV, San Basilio, obispo de Cesaréa, crea un hospicio donde servían las primeras enfermeras de la historia. San Benito de Nurcia, padre de los benedictinos, estableció enfermerías en los monasterios de Montecasino, Subisa y Salerno, y los primeros leprosarios del mundo fueron fundados por cristianos.

Además, los cristianos colmaron el mundo de albergues, orfanatos y familias sustitutas para contener a los niños que eran desechados por sus padres o vivían en la indigencia.

Todo eso no fue “progresismo” sino verdadero progreso, que hizo que la cultura occidental fuera la más dinámica de la historia y tuviera una visión respetuosa de la condición humana.

El movimiento abortista, lejos de ser “progresista”, sólo le hace el juego a las multinacionales imperialistas que pretenden, para Latinoamérica, una población envejecida como la europea y abre las puertas a las clínicas abortivas que están al acecho para instalarse en nuestro país. Un movimiento que va a contramano de la historia, apoyado por la descarada propaganda de los medios de comunicación que trataron de silenciar a quienes pensaban diferente y necesitaron de una multitudinaria marcha de pañuelos celestes para enterarse de que había muchísima gente que estaba en desacuerdo y defendía la vida.

 

Un comentario

  1. Me gusta este tipo de argumentación y creo que los cristianos deberían aprender de este ejemplo. Es persuasivo y retóricamente subversivo. Revierte la lógica a favor del aborto y recupera la autenticidad moral. Es polémico e iconoclasta porque proporciona una crítica interna de la posición anti-vida. Bien hecho.

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