La Biblia y el intelecto: Cómo amar a Dios con la mente (Parte 2)

La solución

Empecemos con un pasaje del Nuevo Testamento. Por favor, lean Marcos 12:28-31.

Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.

Primero, definamos los términos. El “corazón” se refiere al centro de nuestra personalidad, nuestros motivos más profundos, nuestros deseos reales y lo que estamos dispuestos a hacer. El “alma” se refiere a nuestro ser, separado del cuerpo. Es quien realmente somos, nuestros dones y capacidades, y sobrevive la muerte. El alma incluye el corazón y la mente. La “mente” destaca nuestra capacidad de pensar y nuestra actividad intelectual: aprendizaje, análisis, solución de problemas, curiosidad, memoria, e imaginación. La “fuerza” se refiera a nuestra habilidad de tomar acción con la mente y el cuerpo. La palabra en hebreo significa “poder” o “recursos”. Los antiguos judíos solían traducir el término como “pertenencias” o “dinero”. Debemos amar a Dios con todos los bienes de todo tipo—físicos, económicos, dones e intelecto. Y “amar” se refiere a total dedicación y afecto, devoción exclusiva y obediencia absoluta. Amar a Dios significa la exclusión de cualquier rival o competencia por ese afecto. En otras palabras, no se permiten ídolos.

Noten el uso repetido de la palabra “todo”. Esto indica que cada aspecto de nuestro ser debe ser totalmente dedicado a amar a Dios. De hecho, en el Antiguo Testamento, las expresiones “con todo tu corazón y toda tu alma” y “toda tu mente” ocurren a menudo para indicar absoluta lealtad y esfuerzo. “Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es”. Este es el lenguaje del pacto. Debido a quien es Dios, Creador y Señor, y por todo lo que Él hace para Su pueblo, la única respuesta aceptable es la devoción total, con el ser completo, lo cual incluye la mente.

Dios usará cualquier capacidad intelectual o conocimiento que tengamos. No está pidiendo que todos seamos gigantes intelectuales, aunque algunos son llamados de esa manera. Simplemente, está pidiendo que desarrollemos nuestra potencia individual—y que la usemos.

Noten cómo amar a Dios se manifiesta en la vida real. El corazón se menciona primero porque es la fuente motivacional del amor hacia Dios. Luego, se expresa a través de las acciones del alma, la mente y el estilo de vida. La devoción hacia Dios comienza en los motivos y se expresa en los pensamientos, el habla y los hechos.

Este pasaje enseña que el amor es la respuesta apropiada al pacto y la misión de Dios en este mundo—amor para con Dios y con los demás. Amar a Dios requiere lealtad incondicional en cada aspecto de la existencia de acuerdo con Su ley—incluyendo el intelecto. Amar a Dios es desear, pensar y actuar de acuerdo con los términos de Dios y para Su gloria. Esto es espiritualidad verdadera e incluye el pensamiento. Significa que el ser entero sirva y honre a Dios—y eso incluye la mente. John Piper escribió: “No podemos amar a Dios sin conocer a Dios, y la manera de conocer a Dios es a través del uso de nuestras mentes, con el poder del Espíritu. Entonces, amar a Dios con toda tu mente significa: utilizando todos tus poderes de pensamiento para conocer a Dios de la manera más plena posible, para apreciarlo por todo lo que Él es.”

Podemos señalar varias implicaciones. Primero, la espiritualidad cristiana es multidimensional e incluye un ámbito intelectual. No se trata solamente de una experiencia personal y subjetiva, ni de la auto-realización. Segundo, da la sensación de que un creyente ignorante o anti-intelectual sería una contradicción en sí mismo.

Tercero, si tenemos dones intelectuales especiales o un llamado a la vida de la mente, podemos honrar a Dios con el uso de nuestro intelecto. Cuarto, el cristianismo celebra la vida de la mente. Jesús era el hombre más brillante que jamás vivió. Pablo era un genio. Eruditos como Agustín, Anselmo, Erasmo, Lutero, Comenio, Calvin, Wesley, Edwards, Wilberforce, Kuyper y C. S. Lewis tuvieron un impacto tremendo sobre la iglesia y el mundo. Ni hablar de los científicos y artistas cristianos de todo tipo.

Quinto, Dios usará cualquier capacidad intelectual o conocimiento que tengamos. No está pidiendo que todos seamos gigantes intelectuales, aunque algunos son llamados de esa manera. Simplemente, está pidiendo que desarrollemos nuestra potencia individual—y que la usemos. Los únicos requisitos verdaderos son nuestra obediencia y disciplina para estudiar.

Sexto, Dios también pide que apoyemos a aquellos que tienen llamados intelectuales, como profesores universitarios, investigadores, escritores y científicos. Ese apoyo implica tanto aliento espiritual como inversión económica en nuestra infraestructura intelectual, como, por ejemplo: Escuelas, lectura, currículo, capacitación de maestros/profesores, bibliotecas, becas y centros cristianos de estudio.

Pero, si somos honestos, a veces preferimos ser inconscientes e ignorantes. Preferimos nuestra burbuja cristiana y nuestro mercado religioso de la experiencia subjetiva. Nos permitimos estar distraídos por las demandas de nuestra cultura. Nos rendimos ante lo trivial y negativo a través de los medios sociales, la televisión, las películas y los juegos.

Para contrastar, lean este himno que se trata de amar a Dios con la mente:

¡Levantaos, hombres de Dios!
Despojaos de vilezas.
Dad corazón, alma, mente y fuerza
y al Rey de Reyes servid.

¡Levantaos, hombres de Dios!
la Iglesia os espera;
de fuerza carece para la tarea,
¡dadle fuerza en su labor!

Esto nos lleva a la tercera parte: La aplicación.

Dr. Richard L. Smith
Congreso International de la Biblia 15 al 18 de noviembre, 2017
Buenos Aires, Argentina

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