El Evangelio según Diego Dreyfus (Tercera parte – una crítica)

Los animo a ver un video corto donde él habla de la religión. Se llama Tu religión es un cuento”. Mi objetivo en este artículo es hacer una crítica de su punto de vista sobre la religión basándome en la perspectiva de la cosmovisión bíblica.

Para Dreyfus, no existe una Verdad universal y absoluta sobre la religión o la ética… excepto la suya propia en la práctica, lo cual es contradictorio. Él afirma que “no existe malo ni bueno”… exceptuando lo que él juzga con sus propias evaluaciones morales, como lo deja en claro su indignación, lo cual también es contradictorio. Proclamar que “no hay verdad absoluta” y que “todo es subjetivo y arbitrario” es declarar una verdad absoluta y objetiva, que no es arbitraria. Dreyfus presupone lo que dice negar —la Verdad— para así poder evaluar a los demás y ponerse a sí mismo en la posición de supremo Hacedor de la Verdad. Después de todo, es el ego soberano quien se ve obligado a “cuestionar todo”.

Él dice que “tu religión es un cuento”, que es un asunto personal y privado, que no impone obligaciones a nadie, pero ¿cómo sabe? ¿Con qué autoridad relativiza todas y cada una de las religiones y las reduce a meras “etiquetas”? ¿Estudió la religiosidad a fondo? ¿Entiende sobre religiones primitivas, la historia de las religiones o las principales doctrinas de las grandes formas de espiritualidad? ¿Sabe algo de las religiones seculares (el comunismo y la ideología) o de las religiones implícitas (el consumismo y la psicología)? ¿Es consciente de las enseñanzas y el estilo de vida distintivo de los diversos fundadores de las grandes religiones? ¿Puede discernir el orgullo intelectual y las pretensiones de superioridad moral? Parece que no.

Dreyfus, con audacia, toma el camino que “ni los ángeles se atreven a pisar”. No solo afirma la relatividad de las normas morales, sino también la igualdad y semejanza entre todas las religiones mundiales y, de hecho, entre todas las espiritualidades. Habla desde un pedestal, presumiendo de tener una perspectiva trascendental o incluso una revelación. ¿De dónde obtiene esta visión y autoridad divina? Él dice que deberíamos crear nuestra propia espiritualidad tomando “lo mejor de todas las religiones”. ¿Basándose en qué criterio? ¿El de él? ¿Qué significa “lo mejor” y quién tiene el poder para decidirlo? ¿Él? ¿En nombre de qué deidad supone que habla cuando nos vende el descubrimiento de la realidad, la identidad y el propósito? ¿Es un profeta autodeclarado que proclama las verdades de un “algo más allá”? Si todas las religiones son relativas, subjetivas y arbitrarias como él dice, ¿por qué deberíamos creer en lo más mínimo algo de lo que él dice sobre religión? Sin duda, su arrogancia es asombrosa y detestable.

De nuevo, en su serie de talleres Te vas a morir, él promete revelar “aquello a lo que [cada uno de nosotros] vino al mundo”. Está hablando de una revelación que se origina fuera de este mundo y en la eternidad. Es información trascendente. ¿De dónde y cómo obtiene Dreyfus semejante revelación? Su dios, ese “algo más allá”, ¿puede comunicarse? ¿Cómo? ¿Quién se cree que es realmente Diego Dreyfus, incluso más allá de ser el líder de un “movimiento”?

Toda la espiritualidad de Dreyfus se trata de sí mismo. “He diseñado la vida que siempre soñé”, dice. Él descubrió “lo que lo hace único y […] aquello a lo que vino al mundo”. Su espiritualidad está motivada por el consumo y es creada por uno mismo. Dreyfus es la viva imagen de la espiritualidad posmoderna, cuyo credo es la autoconstrucción de la identidad por medio del ego y solo para uno mismo, porque el yo es soberano y sagrado. Él proclama: “no necesito una caja que defina mi vida”. Tal soberanía sobre uno mismo no es nada menos que idolatría según la cosmovisión bíblica (Gn. 3:4; Dt. 5:6-8; Ro. 1:18-23).

Su religión es la receta para la deificación del Ego, una combinación de relativismo, estoicismo, autonomía y psicología de autoayuda. Nos da la medida justa de trascendencia y suficientes buenas obras para satisfacer la percepción de la propia superioridad moral. Hoy en día, hay cuatro aspirantes a salvadores que están siempre dispuestos a ayudarnos en nuestra búsqueda del autodescubrimiento: la profesión del psicólogo, los gurúes religiosos, los consejeros de autoayuda seculares y la industria publicitaria. Al parecer, Dreyfus cumple más de uno de esos roles.

Su dios parece estar tan distante que su religión funciona como una especie de ateísmo práctico: una espiritualidad para este mundo. No se habla de una vida después de la muerte, ni de redención, ni de juicio, ni de recompensas. Su mensaje se concentra en “vivir mejor aquí”. Esto es lo que algunos llaman un “proyecto de inmortalidad”: la búsqueda de trascendencia y de orientación cósmica por medio de la perpetuación de la influencia que uno pueda tener en esta vida y después de la muerte.

El dios de Dreyfus es desconocido: el inexplicable y enigmático “algo más allá”. Sin embargo, quizás el Dios absoluto y universal sí ha hablado, pero de alguna manera, Dreyfus está espiritualmente sordo y ciego. Quizás sea porque está usando lentes presuposicionales que le impiden ver la evidencia religiosa de una forma renovada o correcta.

¿O será que solo es un buen vendedor? Quizás solo está “predicando a los convertidos”, reafirmando la cosmovisión que ellos ya creen y vendiendo un producto que confirma su prejuicio. Desafortunadamente, algunas personas usan la espiritualidad para obtener ganancias y muchas personas abrazan la religión como si fuera un artículo que se puede comprar.

Podríamos decir que Dreyfus se asemeja a Simón el mago, descrito en la Biblia (Hch. 8:9-24). Él también era un orador motivacional talentoso y con una profunda confianza en sí mismo. Las multitudes amaban su mensaje y proclamaban: “¡Este hombre es al que llaman el Gran Poder de Dios!” (v. 10, NVI). No obstante, Simón recibió un severo castigo por parte del apóstol Pedro, porque había codiciado el poder de Dios para obtener ganancias. Pedro le dijo:

Que tu dinero perezca contigo, si crees que el don de Dios puede comprarse. Tú no tienes nada que ver en este asunto, porque en tu interior no eres recto con Dios. Arrepiéntete de tu maldad, y ruega a Dios. Tal vez te perdone por ese mal pensamiento (vv. 20-22).

Me pregunto: ¿Dreyfus es un guía espiritual culto y confiable? ¿O será como Simón? ¿Es un hombre sincero o es un cínico? ¿Será que él también está investido económica y psicológicamente de su propia marca? ¿O estará abierto a acoger un paradigma drásticamente distinto?

Tristemente, el “evangelio” de Diego Dreyfus es comida chatarra para el alma. Es nocivo y tóxico. No es nutritivo en absoluto. Es adictivo como el pochoclo y la comida rápida.

Por el contrario, yo prefiero un verdadero alimento espiritual: el Evangelio según Jesucristo, revelado en la Biblia.

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