Introducción a la apologética: definición

La aplicación de las Escrituras a la incredulidad

El término “apologética” suele definirse como “la defensa de la fe”, pero esa definición es demasiado limitada y no tiene fundamento ni en la Biblia ni en la práctica. En realidad, el significado del concepto y de la práctica de la apologética consta de tres puntos.

Primero, la palabra apología y sus derivados, según una definición estrecha, aparece diecinueve veces en el Nuevo Testamento y significa, literalmente, “librarse de una acusación mediante el uso de las palabras” o “defenderse a sí mismo” (tengamos en cuenta que era un término secular y del ámbito legal). En la mayoría de los casos, apología (en su forma verbal y nominal) se refiere a la respuesta que da el cristiano frente a los cargos judiciales, la persecución religiosa, la acusación o las indagaciones. En la versión Reina Valera, se la traduce como defensa, dar defensa, dar razón, cómo responder o dar a entender (otras versiones dicen: contestar, justificarse o dar explicación). El Nuevo Testamento nos ofrece ejemplos de diversos contextos de litigio entre judíos, cristianos y gentiles. Parte de la apologética es defender nuestra fe y cosmovisión dando respuestas a los incrédulos y oponentes.

Segundo, hay dos usos del término anapología, es decir, “sin defensa”, que se refieren a la apologética en que el hombre intenta dar excusas delante de Dios, frente a su juicio a la humanidad injusta, que quebrantó su pacto (Romanos 1:20; 2:1; con un término similar en 3:9). Sin embargo, los seres humanos, normalmente, llamamos a Dios al banquillo de los acusados y damos por sentado que él es culpable por todas las fallas y desgracias de la tierra. Parte de la apologética consiste en “devolver la pelota” y demostrar que el ser humano, literalmente, “no tiene excusas” en el tribunal de Dios (Romanos 1:20; vea también 2:1-11). C. S. Lewis escribió:

El hombre antiguo se acercaba a Dios (o incluso a los dioses) como la persona acusada que se acerca a su juez. Para el hombre moderno, los roles están invertidos. Él es el juez: Dios está en el banquillo de los acusados. Es un juez bastante benigno: si Dios tuviera una defensa razonable que explique por qué él permite que exista la guerra, la pobreza y las enfermedades, el hombre está dispuesto a escucharlo. El juicio puede terminar, incluso, con la absolución de Dios, pero lo importante es que el hombre está en el estrado y Dios en el banquillo.

Tercero, la práctica del intercambio apologético de Hechos es más amplia que la definición estrecha que vimos antes (una defensa), tal como lo vemos en el vocabulario controversial que Pablo usa en contra de los incrédulos y oponentes: confundir, refutar, disputar, persuadir, convencer, probar, debatir, discutir, disentir, alegar, explicar, mostrar, señalar, enseñar. Estos términos están marcados por la audacia, la agudeza intelectual, el vigor y la intrepidez, que dejan ver la pasión retórica de Pablo en el contexto del debate y el evangelismo.

El libro de Hechos y los capítulos 1 y 2 de Romanos presentan a Pablo como el abogado de Dios del Nuevo Testamento, en lo que al pacto refiere y en contra de la idolatría y la incredulidad (es decir, la autonomía epistémica o “jugar a ser Dios”). Parte de la apologética es ofensiva, puesto que refuta y critica desde adentro la cosmovisión del otro para demostrar que es insostenible desde un punto de vista intelectual y existencial (vea Proverbios 26:4-5). Cornelius Van Til escribió:

Todos los pecadores están en falta: todos quebrantaron el pacto. Sus opiniones contra Dios no son objetivas; son reproches basados en un conflicto personal. No quieren tener a Dios en su memoria. Reprimen el conocimiento que está dentro suyo. Es decir, hacen todo lo posible para rehuir este conocimiento por miedo a tener que mirar a su juez cara a cara. Y dado que el rostro de Dios se manifiesta en cada realidad del universo, se oponen a la evidente revelación de Dios en todas partes. No quieren ver los fenómenos de la naturaleza por lo que son; no quieren verse a sí mismos por lo que son. Por lo tanto, dan por sentado que ellos mismos no fueron creados y que están rodeados de hechos y leyes de la naturaleza que nadie estableció.

Por todas estas razones, es más útil recurrir a la definición que nos da John Frame, según la cual la apologética es “la aplicación de las Escrituras a la incredulidad”.

Otros dos términos viables son “elénctica” (Juan 16:8; 2 Timoteo 4:2), que se deriva del griego elegcho (probar, condenar, criticar, censurar, corregir, echar luz sobre algo, exponer), o el término “polémica” (o “controversia”).

 

2 comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.