Bendita complejidad (por William Edgar)

Edgar“Hay una gran diferencia entre ser simple y ser simplista. ¿No debe el mensaje cristiano ser accesible y también apropiado para un mundo más complejo?”

Mientras nos adentramos en este nuevo año, debemos recordar que la esencia del Evangelio es simple. Puede expresarse de muchas maneras, pero nunca con tanta claridad como en Juan 3:16: «Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en él crea no se pierda mas tenga vida eterna». El intelectualismo ha plagado la Iglesia. Teólogos académicos como yo tenemos la manía de complicar cuestiones simples innecesariamente. En vez de «pecados de la mente», decimos «efectos del pecado relativos a la noesis».  En vez de «el fin», decimos «escatología». En vez de «el estudio de la salvación», decimos «soteriología». Recientemente, leí un blog en el cual se solicitaba volver a la simplicidad del Evangelio y dejar de mencionar aquello que lo vuelve confuso: denominaciones, argumentos complejos acerca de la maldad, contradicciones aparentes en la Biblia. Entonces, resulta llamativo, por ejemplo, el emblema de esta iglesia: «Dios lo dijo, yo lo creo; eso es todo».

Pero, un momento. Hay una gran diferencia entre ser simple y ser simplista. ¿No debe el mensaje cristiano ser accesible y también apropiado para un mundo más complejo? Este año enfrentaremos grandes complejidades en muchos niveles: social, filosófico, psicológico.  Balas de plata (y, tristemente, balas reales) apuntarán a ambos, creyentes y no creyentes.

Se ha publicado recientemente una cantidad de libros frescos y persuasivos en el campo de la apologética cristiana que intentan responder esta necesidad de complejidad. Francis Spufford ha escrito una de las defensas de la fe cristiana más inusuales de todos los tiempos: Unapologetic: Why, despite everything, Christianity can still make surprising emotional sense [La no apologética: Por qué, a pesar de todo, el cristianismo sigue siendo emocional y maravillosamente lógico] (HarperOne, edición de reimpresión, 2014). El título por sí solo es un trabalenguas, mas el contenido es genial. Su definición de pecado contiene palabras que no se pueden imprimir. Narra la historia de Jesús con tal realismo que realmente el lector siente que se transporta allí con los discípulos, los romanos, la multitud. Expresa su objetivo con estas palabras: «Cambié la época y la aislé para intentar quitarle la constante familiaridad que no le aporta frescura» (147).

David Skeel tituló su obra: True paradox: How Christianity makes sense of our complex world [La verdadera paradoja: Cómo el cristianismo le da sentido a nuestro mundo complejo] (IVP Books, 2014). Comienza con una leve crítica a los dos métodos apologéticos típicos, la clase de demostración puramente lógica, y el «tribunal» de discusión de teorías materialistas, tales como el evolucionismo (resalta el ismo, no desarrolla la tradicional discusión entre ciencia y fe, sin embargo, culpa a Darwin por su visión simplista y anti estética). Luego, aborda con valentía muchas de las preguntas más difíciles. Uno de los capítulos más conmovedores es acerca del sufrimiento, donde Skeel desarrolla la naturaleza compleja de la prueba con poderosos testimonios; ofrece respuestas y preguntas abiertas con gran integridad.

Otra lectura excelente es el reciente libro Paradoxology: Why Christianity was never meant to be simple [Paradoja: Por qué el cristianismo nunca fue concebido como algo simple], por Krish Kandiah (Hodder & Stoughton, 2014).  Kandiah aborda temas tales como el sufrimiento humano, el factor impredecible de Dios, y la decepción con la iglesia, tomando personajes bíblicos como el catalizador para su discusión, como la Paradoja de Abraham: El Dios que es activamente inactivo; La Paradoja de Jonás: El Dios que es indiscriminadamente selectivo; y La Paradoja de Jesús: El Dios que gana al perder.

Finalmente, el siempre productivo Os Guinness ha escrito un libro muy solicitado sobre defensa: Fools’ talk: Recovering the art of Christian persuasion [Charla de locos: Cómo recuperar el arte de la persuasión cristiana] (IVP, próximamente). Mediante ejemplos fascinantes y numerosas citas relevantes, el propósito de Guinness es abordar la falta de fe en nuestro mundo cada vez más complejo. Expresa: «Debido a la explosión de pluralismo de los últimos cincuenta años, el mundo se ha vuelto mucho más diverso y, debido a la intensificación del choque de culturas en muchos países occidentales, el mundo se tornó más despectivo con nuestra fe. Por lo tanto, tenemos que hablar diversos lenguajes y no solamente el «cristiano», debemos llegar a las mentes y corazones que nos escuchan desde una posición predispuesta al prejuicio, menosprecio, impaciencia y, aún, enojo.» (13)

Tratar temas complejos con una fe rica no es algo nuevo. En Mere Christianity [Mero cristianismo], C. S. Lewis afirma que no es correcto buscar una religión simple, ya que la realidad no es simple. El mentor de C. S. Lewis, G. K. Chesterton, famoso por utilizar la paradoja en sus argumentos, planteó en Orthodoxy que la complejidad no es un enemigo, sino un amigo de la verdadera religión: «Una vez que se adopta un credo, uno se enorgullece de su complejidad, como los científicos se enorgullecen de la complejidad de la ciencia».  El Evangelio es simple, en un nivel, accesible a cualquier persona. Pero es profundo, rico y polifacético, capaz de abordar los temas más desafiantes y las mentes más brillantes de nuestra era.

– William Edgar es Profesor de Apologética en el Seminario Teológico de Westminster en Filadelfia.

-“Capital Commentary” es el semanario que publica asuntos de actualidad del Centro por la Justicia Pública, escrito para alentar la búsqueda de la justicia pública, 12-01-2015

-Para más información: http://www.cpjustice.org/public/capital_commentary/article/61#sthash.c5hbpr6M.dpuf

 

 

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