El lenguaje del lamento: lo que sentimos y decimos cuando la vida duele

¿No sienten a veces que las canciones de adoración que cantamos no se corresponden con la realidad que vivimos? ¿Que son demasiado “felices”, demasiado “victoriosas”, o demasiado ingenuas? Yo sí. ¿Alguna vez pensaron que la espiritualidad que practicamos o los consejos de autoayuda que con mucha frecuencia recibimos en las iglesias no se corresponden con la vida complicada que en realidad sobrellevamos? Yo sí. ¿No anhelan encontrar una cosmovisión cristiana que sea una guía veraz y profunda acerca de cómo podemos estar en el mundo sin pertenecer al mundo y cómo sobrevivir en el “presente siglo malo” (Gálatas 1:4)? Yo sí.

Afortunadamente, la Biblia sí nos ofrece esa guía. En los Salmos, los libros poéticos o sapienciales, los profetas y, en particular, en el ejemplo de la vida de Cristo, hallamos un vocabulario espiritual que trata el tema del mal y el sufrimiento de una manera profunda, práctica y profética.

Richard Foster, en su libro La oración, escribió:

Hablemos con Dios con sinceridad acerca de lo que nos sucede y pidámosle que nos ayude a ver la herida que se oculta detrás de la emoción. Debemos sentirnos perfectamente libres para quejarnos delante Dios, o argüir con Él, o gritar ante Él. […] Dios es absolutamente capaz de lidiar con nuestra ira, frustración y desengaño. C. S. Lewis nos aconseja que “llevemos ante Él lo que hay en nosotros, no lo que debiera haber en nosotros”.

Entonces nos preguntamos: ¿qué tipo de experiencias negativas y emocionales registran los Salmos? Por ejemplo

Languidezco […], porque mis huesos se estremecen  (6:2)

Estoy solitario y afligido (25:16)

Has conocido las angustias de mi alma (31:7)

Mi vida se gasta en tristeza, y mis años en suspiros (31:10)

Quebrantados de corazón y […] abatidos de espíritu (34:18)19mrcrybaby-color

Entumecido y abatido […] gimo a causa de la agitación de mi corazón (38:8)

Palpita  mi corazón, mis fuerzas me abandonan (38:9-10)

Y sobre mí han caído los terrores de la muerte (55:4)

Cansado estoy de llorar […]; mis ojos desfallecen mientras espero (69:3)

La afrenta ha quebrantado mi corazón (69:20)

Me siento turbado […] y mi espíritu desmaya (77:3)

He estado afligido y a punto de morir (88:15)

No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia (102:2)

Mi corazón está consternado dentro de mí (143:4)

Los autores bíblicos expresan con pasión y realismo el quebranto de su corazón y la aflicción de su dolor:

Pues lo que temo viene sobre mí, y lo que me aterroriza me sucede. No tengo reposo ni estoy tranquilo, no descanso, sino que me viene turbación. (Job 3:25-26)

Cuando mi corazón se llenó de amargura, y en mi interior sentía punzadas, entonces era yo torpe y sin entendimiento; era como una bestia delante de ti. (Salmos 73:21-22)

No hay quien me tome en cuenta; no hay refugio para mí; no hay quien cuide de mi alma. (Salmos 142:3-4)

Mis ojos se consumen por las lágrimas, hierven mis entrañas; mi hiel se derrama por tierra, a causa de la destrucción de la hija de mi pueblo, cuando niños y lactantes desfallecen en las calles de la ciudad. (Lamentaciones 2:11)

Aun cuando clamo y pido auxilio, Él cierra el paso a mi oración. Ha cerrado mis caminos con piedra labrada, ha hecho tortuosos mis senderos. Él es para mí como oso en acecho, como león en lugares ocultos. Ha desviado mis caminos y me ha destrozado, me ha dejado desolado. Ha entesado su arco y me ha puesto como blanco de la flecha. (Lamentaciones 3:8-12)

Maldito el día en que nací; el día en que me dio a luz mi madre no sea bendito. […] ¿Por qué salí del vientre para ver pena y aflicción, y que acaben en vergüenza mis días? (Jeremías 20:14, 18)

Presten atención a las quejas, e incluso acusaciones, que los escritores bíblicos presentan delante de Dios:

Dios me entrega a los impíos, y me echa en manos de los malvados. Estaba yo tranquilo, y Él me sacudió, me agarró por la nuca y me hizo pedazos; también me hizo su blanco. Me rodean sus flechas, parte mis riñones sin compasión, derrama por tierra mi hiel. (Job 16:9-13)

Sabed ahora que Dios me ha agraviado y me ha envuelto en su red. […] Clamo pidiendo ayuda, pero no hay justicia. Él ha amurallado mi camino y no puedo pasar, y ha puesto tinieblas en mis sendas. Me ha despojado de mi honor y quitado la corona de mi cabeza. Me destruye por todos lados, y perezco, y como a un árbol ha arrancado mi esperanza. (Job 19:4-13)

04mrfrightened-colorPorque Él hace lo que está determinado para mí, y muchos decretos como éstos hay con Él. Por tanto, me espantaría ante su presencia; cuando lo pienso, siento terror de Él. […] ¡El Todopoderoso, que ha amargado mi alma! (Job 23:14-15; 27:2)

¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda, y no escucharás, clamaré a ti: ¡Violencia! y no salvarás? ¿Por qué me haces ver la iniquidad, y me haces mirar la opresión? (Habacuc 1:2-3)

Justo eres tú, oh Señor, cuando a ti presento mi causa; en verdad asuntos de justicia voy a discutir contigo. ¿Por qué prospera el camino de los impíos? (Jeremías 12:1)

Me persuadiste, oh Señor, y quedé persuadido; fuiste más fuerte que yo y prevaleciste. He sido el hazmerreír cada día; todos se burlan de mí. Porque cada vez que hablo, grito; proclamo: ¡Violencia, destrucción! Pues la palabra del Señor ha venido a ser para mí oprobio y escarnio cada día. (Jeremías 20:7-8)

Aun así, la Biblia también nos insta a alegar nuestra causa con atrevimiento y buscar desde lo profundo de nuestro corazón la bendición de Dios en tiempos de dolor. El Salmo 90, que nos enseña claramente que somos seres finitos y caídos, también nos dice:

Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. (Versículo 12)

Vuelve, Señor; ¿hasta cuándo? y compadécete de tus siervos. (Versículo 13)

Sácianos por la mañana con tu misericordia, y cantaremos con gozo y nos alegraremos todos nuestros días. (Versículo 14)

Alégranos conforme a los días que nos afligiste, y a los años en que vimos adversidad. (Versículo 15)

Manifiéstese tu obra a tus siervos, y tu majestad a sus hijos, (Versículo 16)

y sea la gracia del Señor nuestro Dios sobre nosotros. (Versículo 17a)

Confirma, pues, sobre nosotros la obra de nuestras manos; sí, la obra de nuestras manos confirma. (Versículo 17b)

Un comentario

  1. Es verdad que muchas letras no son bíblicas en el sentido en q no expresan realidades mostradas en la biblia sino personales de quien hizo la canción. Igual hay distintos tipos de canciones: estan las q prometen que vamos a cantar de su amor por siempre (como si tuviéramos el conocimiento o la capacidad para prometer eso), y hay otras que SI hablan de lo incambiable y hermoso q es el amor de Dios. Las segundas me parecen mas correctas porque, mientras sean bíblicas, sirven para que nos alegremos en la verdad del evangelio, las segundas no necesariamente son verdad siempre en nuestras vidas, pero las podemos tomar como inspiración, o como guía. Dios dice que seamos santos (Mateo 5:48) sabiendo que no lo vamos a ser de la noche a la mañana (2 Cor 3:18), eso no hace el mandamiento menos, muchos proverbios también son “reglas” de la vida que no siempre se cumplen pero que aún así expresan la soberanía de Dios en el orden (ej. Prov 10:4 Los perezosos pronto se empobrecen; los que se esfuerzan en su trabajo se hacen ricos –> Algunos perezosos no se empobrecen pronto).

    ¿No puede haber un buen uso o una buena interpretación de estas canciones a pesar del abuso al que se puedan prestar?

    Por otro lado sería medio difícil cantar como iglesia una canción de lamentación como los salmos que estan citados, a menos que haya alguna situación concreta por la que todos nos lamentemos. Este tipo de canciones me parece que cerían en la misma bolsa que las canciones “alegres” en que servirían (si hubiera) como guias para expresar como nos sentimos y/o dar perspectiva sobre alguna situación.

    Pienso que igual lo más correcto y aplicable para cantar en la iglesia serían canciones que expresen verdades Bíblicas SOBRE Dios, y no sobre nosotros y nuestra experiencia. Al final es a Él al que cantamos/celebramos.

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