“Dondequiera que las riquezas hayan aumentado…” (parte 1)

El ambiente posmoderno pide a gritos que se haga una nueva valoración de los axiomas, los sistemas y las prácticas de la modernidad. El mito iluminista del progreso, en particular, y la visión del crecimiento económico representada Finance 014por el PBI como la medida del bienestar están bajo revisión actualmente. Muchas voces claman por un cambio radical en la manera de entender el concepto de la prosperidad. Por ejemplo, Tim Jackson escribió: “La prosperidad consiste en nuestra capacidad de desarrollarnos como seres humanos dentro de los límites ecológicos de un planeta finito. El desafío para nuestra sociedad es crear las condiciones bajo las cuales esto sea posible”.[1] Otros autores, citados por Jackson, proponen una nueva relación entre la economía, la sociedad y la espiritualidad:

Una nueva política del bien común […] requiere un concepto más demandante de lo que significa ser ciudadanos y exige un discurso público más robusto, que se involucre más directamente con las cuestiones morales y hasta espirituales.[2]

Debemos volver a instalar en la sociedad un sentido más profundo del propósito de la vida. La infelicidad de tantas personas debería decirnos que el mero éxito no es suficiente. El éxito material nos ha llevado a una extraña bancarrota espiritual y moral.[3]

Estos son debates en los que los cristianos deben participar, a pesar de tener una cosmovisión distinta. La Biblia ofrece una plétora de ideas acerca del dinero que podrían ser de utilidad: ¿Qué significa realmente la prosperidad? ¿Cuáles son las condiciones necesarias para que la humanidad prospere al este del Edén? ¿Qué somos los seres humanos, de todos modos? Estos y muchos otros interrogantes cuya respuesta presuponemos emergen de las preguntas críticas que plantea la posmodernidad acerca de la economía, el consumismo, la sustentabilidad y el bienestar humano.

Además, a causa de la gracia común, no debemos desperdiciar las oportunidades inherentes a la beneficencia de Dios hacia este mundo. Los cristianos podemos y debemos enfocarnos en lo que está a nuestro alcance hacer y lo que incumbe a la causa del Evangelio. Podemos y debemos trabajar por el bien común. Con mucho gusto podemos apoyar y aplaudir iniciativas dignas de aquellos que no están de acuerdo con nosotros (como el empresariado social y el proyecto “Héroes” de la CNN, por ejemplo). Debemos reconocer todo lo que es admirable y bello en la cultura que existe “debajo del sol” (ver Eclesiastés). Podemos alabar a Dios por su continuo “testimonio” (Hechos 14:17) en nuestra oikonomia (economía) caída.

Dondequiera que las riquezas hayan aumentado, la esencia de la religión habrá menguado en la misma proporción. (John Wesley) 

Es más, los cristianos deben participar en estos debates y actividades debido al interés propio y la justicia económica. Siendo administradores del planeta, la sustentabilidad en la adquisición de los bienes es un asunto muy relevante para nosotros, tanto desde el punto de vista logístico como el moral. Debemos compartir este planeta hasta que el Señor regrese. Si el planeta prospera, también nosotros lo hacemos. Si el planeta sufre, nosotros también sufrimos. Por otra parte, Scott Sabin escribe:

Earth 030La mayordomía del medio ambiente es también una cuestión de justicia […] Vemos el medio ambiente como un lujo. Sin embargo, las poblaciones más pobres del mundo no están tan aisladas y no son inmunes a lo que hacemos. Cuando la lluvia no llega y el suelo se erosiona, las familias mueren de hambre. Cuando se contamina el agua, los niños contraen enfermedades intestinales. Cuando se talan todos los árboles, las mujeres caminan por horas buscando leña. Cuando la tierra es deforestada, las cuencas acuíferas dejan de funcionar y eso hace que los ríos y arroyos se sequen. Cuando la lluvia sí llega, sobrevienen aludes mortales […]. Preservar los recursos naturales y hacer de ellos un uso sustentable, evitando degradar aun más los ecosistemas —sirviendo a la creación como mayordomos— se vuelve un asunto central para poder servir a esas personas.[4]

[1] Prosperity Without Growth: Economics for a Finite Planet (London: Earthscan, 2010) , p. 16.

[2] Ibíd., Michael Sandal, p. 187.

[3] Ibíd., Ben Okri, p. 143.

[4] “Whole Earth Evangelism,” Christianity Today, Vol 54 (2010), p. 28.

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