¿Somos cristianos… estúpidos?

LogoEl título de hoy es provocador, y esa era la intención. Aunque admito que a veces soy algo brusco y directo, quizás debería haberlo dicho con un título más simple: “¿Somos cristianos… ignorantes?”.

Veamos, ¿qué es un cristiano ignorante? Es una persona que, en realidad, no sabe bien qué es lo que cree ni por qué y no puede explicar sus creencias a los no creyentes. Yo creo que, según la Biblia, un cristiano ignorante es una contradicción de términos. Entonces, sólo queda preguntarnos: ¿Somos una contradicción viviente? ¿Somos cristianos ignorantes?ClimbLotsQuestionsStress

Podríamos detectar algunos de los síntomas de esta ignorancia haciéndonos a nosotros mismos las siguientes preguntas: ¿Sé qué enseña la Biblia acerca de la expiación? ¿Sé lo que enseña sobre la creación, sobre los seres humanos como imagen de Dios o sobre los efectos intelectuales, psicológicos y sociales del pecado? ¿Y sobre la gracia común, la revelación general o la cosmovisión? ¿Soy capaz de explicar la infalibilidad de las Escrituras y su inspiración divina? ¿Qué enseña la Biblia acerca del sufrimiento, la muerte y la maldad? ¿Qué enseña acerca de la idolatría, el cielo y el juicio?, por mencionar sólo algunos puntos.

“La Fundación United Negro College tiene un lema, ‘Una mente es una cosa terrible de desperdiciar’. El Cristianismo moderno de Estados Unidos tiene una perspectiva diferente sobre eso. Creemos que una mente es una cosa terrible. Hablamos de ‘conocimiento intelectual’, como si se tratara de una enfermedad para ser curada … Porque todo el mundo sabe que quien desea amar a Dios tiene que ser ignorante “. (Voddie Baucham)

En primer lugar, para tener la fe en Jesucristo que produce salvación, necesitamos tener conocimiento de ciertas verdades, tales como quién es Él y por qué deberíamos creer en Él. Romanos 10:9 dice: “Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo”. Esta proclamación simple del Evangelio presupone que sabemos qué es confesar, quién es Jesús, qué significa que sea el Señor, qué es creer y qué significa la frase “en tu corazón”. Da por sentado que entendemos la importancia de la resurrección, qué es la salvación y por qué la necesitamos. Convertirse en cristiano no requiere tan sólo tener fe (assensus) en Jesús y confiar (fiducia) en Él, sino que también demanda que tengamos algo llamado notia (conocimiento), que es la afirmación de ciertas verdades importantes. Por lo tanto, incluso el hecho de que comencemos nuestra vida cristiana, implica que los creyentes no podemos ser ignorantes. 

En segundo lugar, los seres humanos fueron creados a imagen y semejanza de Dios. Eso significa que tenemos la capacidad de pensar y aprender. Dios nos hizo curiosos y nos dio facultades intelectuales. Por eso es que la civilización se desarrolla y los conocimientos van en aumento. Esa es una de las razones por las que invertimos MainCoupleSurprisetantos años y, en ocasiones, mucho dinero para obtener un título universitario. ¿Por qué? Porque queremos tener las calificaciones necesarias para realizar un trabajo que nos haga ganar más dinero, lo que, a su vez, nos garantiza un mejor estilo de vida. Eso está bien. No obstante, cabe preguntarnos: ¿por qué es sabio obtener un título universitario para poder tener éxito en este mundo pero, al mismo tiempo, es aceptable que los cristianos sean ignorantes? Dicho de otro modo, vamos en pos de la educación universitaria para prosperar en esta vida, pero no nos preocupamos por obtener siquiera un título de educación primaria en estudios bíblico-teológicos, conocimientos que son provechosos tanto para este mundo como para el que ha de venir.   

En tercer lugar, la Biblia dice que parte de nuestra adoración involucra el uso y perfeccionamiento de nuestra mente. Jesús dijo en Marcos 12:30: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. La palabra “mente” se refiere a nuestras capacidades cognitivas. Algunos son brillantes; otros no. Algunos son buenos en matemática; otros no. Algunos tienen facilidad para aprender idiomas; otros no. Algunos tienen talentos musicales; otros no. Entonces, por un lado, sin importar cuáles sean nuestros dones, parte de nuestro amor a Dios se expresa en el uso y el desarrollo de esos dones; pero, por otro lado, el mayor de los usos que podamos HumanDevelopmentPicturedarle a nuestras capacidades intelectuales es conocer las doctrinas centrales de nuestra fe. Leamos lo que dice Hebreos 6:1‑2: “Por lo tanto, dejemos a un lado las enseñanzas elementales acerca de Cristo, y avancemos hacia la perfección. No volvamos a cuestiones básicas, tales como el arrepentirnos de las acciones que nos llevan a la muerte, o la fe en Dios, o las enseñanzas acerca del bautismo, o la imposición de manos, o la resurrección de los muertos y el juicio eterno”. Parte de la madurez espiritual es crecer en el conocimiento de Dios y en la sabiduría que Él nos da. Hagamos un auto examen: ¿Estamos creciendo o seguimos siendo niños de pecho? ¿Estamos construyendo un edificio o todavía estamos asentando los cimientos?   

En cuarto lugar, consideremos el pasaje de 2 Corintios 10:5: “Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo”. ¿Qué destruyó Pablo? Opiniones y toda cosmovisión que se levantaba con altivez en contra del Evangelio. ¿Cómo lo hizo? Con contra argumentos persuasivos, investidos del poder del Espíritu Santo. Sin palabras e ideas, no podemos comunicar la verdad: no hay conversión y las batallas espirituales no se ganan. 

Por último, debemos preguntarnos a nosotros mismos: ¿cuáles son las implicancias de la ignorancia bíblica y teológica para la misión de la iglesia, en el contexto de una sociedad secular como la de Buenos Aires? Por ejemplo: debemos alcanzar a los estudiantes universitarios y líderes del pensamiento por medio del desafío intelectual del Evangelio; pero ¿cómo vamos a hacer eso si no sabemos ni qué creemos nosotros ni por qué, o qué creen ellos y por qué? ¿Cómo comunicamos con claridad la cosmovisión bíblica a personas inteligentes e instruidas si no tenemos ideas inteligentes e instruidas? 

La lección, tanto para ustedes como para mí, es simple. Dios usa nuestras capacidades intelectuales y conocimiento, sin importar cuánto sea. Él no nos pide que nos volvamos gigantes retóricos ni eruditos. Sólo nos pide que explotemos nuestro potencial individual y lo usemos. El único verdadero requisito es estar dispuestos, disciplinarnos en el estudio e instruirnos (1 Pedro 3:15).   

Pero, a decir verdad, la realidad es que a veces preferimos ser ingenuos e ignorar la verdad. Preferimos vivir en nuestra burbuja cristiana y movernos en nuestro mercado espiritual. Permitimos que la cultura nos distraiga con sus demandas. Nos rendimos ante lo trivial y negativo. Pero las cosas no deberían ser así. Debemos darle más importancia a lo que pensamos y a las razones de nuestras creencias. Debemos preocuparnos por lo que los incrédulos piensan y por qué. Debemos amar a Dios con nuestra mente. No debemos ser ignorantes. Por el contrario, debemos ser como los hijos de Isacar, que “eran hombres expertos en el conocimiento de los tiempos, que sabían lo que Israel tenía que hacer” (1 Crónicas 12:32).

“Vamos en pos de la educación universitaria para prosperar en esta vida, pero no nos preocupamos por obtener siquiera un título de educación primaria en estudios bíblico-teológicos, conocimientos que son provechosos tanto para este mundo como para el que ha de venir.” 

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