El Evangelio “simplificado”: parte 4

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El tercer verbo, “esperar” (al igual que otros términos similares) significa “permanecer en un lugar o estado, expectante respecto de un evento futuro”, “aguardar”, “esperar a que o hasta que”. Según el contexto, el verbo puede denotar una “expectativa sostenida” o incluso una “expectativa dolorosa”.

Claro está que el término conlleva una transcendencia escatológica. El contexto del versículo 10 lo hace obvio: “y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos, es decir, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera”. Greg Beale define la escatología como el “movimiento hacia el reino de la nueva creación” de Jesucristo y “un movimiento hacia la recuperación de aquello que se perdió en el Edén a causa del pecado”. Dentro de esta narrativa escatológica continua de la Biblia, encontramos términos y conceptos bíblicos tales como “los últimos días”, “la nueva creación”, “la resurrección”, “las primicias”, “el segundo Adán”, “el reino”, “la renovación de todas las cosas”, “una manifestación de la gloria”, “este presente siglo malo” y “el siglo venidero”.

Es revelador para nuestro entendimiento reflexionar sobre los varios aspectos de las bendiciones escatológicas que ahora aguardamos. No sólo esperamos ser librados de la ira venidera de Dios (1 Ts. 1:10), sino que la expectativa futura del creyente también incluye la “resurrección” (Hch. 24:15), “la adopción como hijos” (Ro. 8:23), “la esperanza de justicia” (Gá. 5:5), “la revelación de nuestro Señor Jesucristo” (1 Co. 1:7), la “vida eterna” (Judas 1:21), ser “ciudadanos del cielo” (Fil. 3:20, NVI), “el reino de Dios” (Mr. 15:43) y que Jesús traiga la salvación (He. 9:28).

En términos más generales, desde una perspectiva “negativa”, estamos aguardando a Jesucristo “hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies” (He. 10:13). Sin embargo, desde una perspectiva positiva, “esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia” (2 Pe. 3:13). Además, el Nuevo Testamento asocia nuestra espera con la “esperanza de la resurrección de los muertos” (Hch. 23:6), la “gloria de Dios” (Ro. 5:2), “las riquezas de la gloria de su herencia en los santos” (Ef. 1:18), “Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria” (Col. 1:27), nuestra “corona” (1 Ts. 2:19), “el Dios vivo” (1 Ti. 4:10), la “vida eterna” (Tit. 1:2), “la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios” (Tit. 2:13) y “la gracia” ( 1 Pe. 1:13).

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