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El Antiguo Testamento enseña que no podemos honrar a Dios con nuestra mente, ni seremos capaces de reflejar su gloria, si carecemos de conocimiento y discernimiento. John M. Frame explica que Dios ha encomendado a los cristianos «la mayordomía de la mente y el intelecto», a lo cual añade:
Es increíble que los cristianos estén tan dispuestos a identificar el señorío de Cristo en las cuestiones relativas a la adoración, la salvación y la ética, pero no en lo referido al pensamiento. Sin embargo, […] en las Escrituras, Dios demanda una y otra vez la obediencia de su pueblo en cuestiones relativas a la sabiduría, el pensamiento, el conocimiento, el entendimiento y afines
De hecho, el Antiguo Testamento nos demuestra que fuimos diseñados para hacer uso del pensamiento. Claramente, no hay nada peor que desperdiciar una mente cristiana.