El hombre es el lobo del hombre (Por Guillermo Gitz)

Guillermo Gitz

Un popular proverbio latino expresa: Homo homini lupus”. Fue empleado por el autor romano Plauto (254-184 AC) y luego, repetido por Thomas Hobbes (1588-1679) en su libro “De Cive” (“Sobre el ciudadano”)1. Ambos citan este refrán traducido como: “hombre, lobo del hombre”. El filósofo inglés daba por básico el egoísmo en la conducta humana, aunque la sociedad siempre trate de corregir ese comportamiento favoreciendo la convivencia.

La reiteración en la cultura de esta evaluación socio-conductual en diversas expresiones demuestra, fehacientemente, cómo ha sido la historia del género humano. Sigmund Freud acordó con el proverbio escribiendo en “El Malestar en la Cultura”, “Los hombres no son criaturas apacibles que quieren ser amados, que, como mucho, si son atacados, pueden defenderse; sino que están, por el contrario, entre las criaturas cuyas dotes instintivas son para tener en cuenta como una parte poderosa de agresividad. Como resultado, su prójimo es para ellos no sólo un ayudante potencial u objeto sexual, pero también alguien que los tienta a satisfacer su agresividad en él, para explotar su capacidad de trabajo sin compensación, utilizarlo sexualmente sin su consentimiento, para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para causarle dolor, torturar y matarlo. Homo homini lupus est ¿Quién en vista de toda su experiencia de vida y de la historia tendría la audacia de cuestionar esta afirmación?” 2.

Su observación sintetiza un muestrario gigante de crueldades que provoca la humanidad; infligiéndose las más terribles calamidades sobre sí misma. Habría que agregar, someramente, lo que causó el ser humano en la historia: las guerras, el hambre por diferentes causas, la destrucción de la naturaleza, la carrera armamentista que desfavorece el presupuesto en salud. La ambición desmedida que no duda en provocar crisis económicas por la exorbitante acumulación de riqueza de algunos en detrimento de millones de seres. Los hombres amos de otros hombres, por conquista u opresión. El historial de la humanidad se expone también como la biografía mundana del cinismo que no respeta acuerdos, leyes o normas; es la anomia social permanente.

Es un síntoma de la conducta incoherente y ambivalente de los humanos el hecho que, en el mismo tratado de Hobbes, además de la frase condenatoria, menciona esta otra frase latina: “Homo homini deus3 (“el hombre es dios para el hombre”). El filósofo latino Séneca (4 aC-65 dC), había escrito una frase análoga, la cual es:”homō, sacra rēs hominī3 o “el hombre es sagrado para el hombre”. Estos son enunciados opuestos a la primera y altamente negativa definición. Esgrimidos para afirmar el lado humanitario del ser humano, su rostro positivo. Pero, por la misma realidad maliciosa de la experiencia humana que es totalmente decepcionante, estas aseveraciones no son tan conocidas ni utilizadas en ensayos literarios o discursos morales.

Es un hecho que la actitud de los individuos es de tal manera miserable que no ven en los otros a su par, su prójimo. O como dice la sentencia latina “alguien sagrado”, es decir, un ser importante para ellos, alguien valioso para tener en cuenta.

Como se comprueba, en el duro contexto en el que vivimos, el amor, la caridad, las buenas obras, la justicia, no figuran en el repertorio de las personas. Entonces, ¿qué tiene el cristianismo para decir? El evangelio bien entendido comprende las palabras de Jesús: “amen a su prójimo, amen a sus enemigos.” Las del apóstol Pablo, afirmando que el amor debe ser la virtud más importante; y el apóstol Juan diciendo: “ámense unos a otros.” Citas bíblicas que demuestran que el evangelio es la proclamación del amor y de todas las consecuencias de esta virtud carismática.

Pero, ¿han sido los cristianos fieles cumplidores de estas indicaciones y premisas? No, los mismos cristianos han causado divisiones y, aún peor, persecuciones y guerras religiosas. Acaso han sido servidores de sus semejantes… tristemente, en esos actos, se convirtieron en lobos. En los Salmos 14:1-3 y 53:1-6, Dios afirma que nadie hace el bien.

Siendo la Biblia la palabra de Dios, esta comprende la historia de su creación cósmica y la raza humana, de la elección de un pueblo, su culto y su historia; pero, además, contiene los juicios de Dios sobre su nación especial y también sobre la humanidad. La Escritura no encubre ninguna sentencia descalificadora del devenir del mundo. Tanto por medio de los profetas como luego, por su propio hijo Jesucristo, fueron vertidas palabras de condena a los desobedientes. Dios ha juzgado al género humano en el tiempo y sus dictámenes negativos abundan en la Biblia. Ello demuestra que hemos fallado una y otra vez.

La tradición popular ha usado al lobo como metáfora de un depredador. En la antigüedad, el lobo era temido por su ataque a las manadas de ovejas. El pastor hacía guardia permanente para ahuyentarlo y cuidar su rebaño. La Biblia también utiliza esta alegoría del lobo como ser despiadado. En el AT, en Ezequiel 22:27, los príncipes de Judá son asemejados a lobos rapaces que matan para obtener ganancias injustas. En el NT, Jesús utiliza la figura del lobo para describir a los falsos profetas (Mat. 7:15) y a los opositores del evangelio (Mat. 10:16, Lu. 10:3). Pablo también compara a los falsos maestros con lobos devastadores que quieren destruir la comunidad cristiana (Hec. 20:29).

Es atrayente comprobar que el Salmo 23, que habla de Dios como un pastor que cuida a todo creyente; es referido a Jesús, personificándose como el Buen Pastor que da su vida por las ovejas (los creyentes) y las cuida (Juan 10:11-16). Asimismo, menciona la parábola de quien deja a las 99 para buscar a una perdida (Mat. 18:10-14 y Lu. 15:1-7). Otra vez, la maldad del mundo es personificada por un lobo. Pero su abnegación para salvar una oveja de las garras del malo es el mismo acto de entrega que hizo en la cruz para salvar a todo el mundo. A cuantos crean en él como su buen pastor, Él los guiará por senderos seguros mientras transiten por un mundo cruel y sin estabilidad.

Los seres humanos, muchas veces, son brutales con sus pares. Ha ocurrido desde tiempos remotos hasta el presente. Pero el evangelio invita a quienes quieran practicarlo verdaderamente a tener a sus semejantes como sagrados, para respetarlos, para tener una convivencia pacífica en la sociedad. El amor, por sobre cualquier otra acción, es el mensaje que Jesucristo nos legó.

Referencias:

1- http://es.antiquitatem.com/homo-homini-lupus-hobbes-erasmo/

2- http://historyguide.org/europe/freud_discontents.html

3- http://es.antiquitatem.com/homo-homini-lupus-hobbes-erasmo/

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