Covid-19: “¿Por qué, Señor?”

La Biblia nos permite hacernos preguntas como “¿Por qué, Señor?” y “¿Hasta cuándo?”, pero rara vez nos da las respuestas.

La pregunta acerca del porqué indaga sobre el propósito divino y los planes de Dios, que suelen permanecer velados a nuestros ojos. No tenemos un entendimiento tan vasto y tan profundo como el que él tiene. Nos limita nuestra finitud y nuestra condición caída como seres humanos. Por eso, cuando nos preguntamos el porqué de la propagación de este virus o hasta cuándo durará la pandemia, debemos reflexionar ateniéndonos a los parámetros bíblicos y mantener un respeto reverente hacia el Filósofo divino.

De hecho, probablemente nunca entenderemos cuál fue el omnisciente propósito por el que esta enfermedad se originó en China, una nación obsesionada con el control social y la confidencialidad. Jamás entenderemos por qué Italia se vio tan golpeada por la simple razón de que un alto porcentaje de sus ciudadanos tienen una edad avanzada.

Con el tiempo, los científicos descubrirán cómo sucedió este fenómeno y cómo podemos evitar que vuelva a ocurrir. Sin embargo, he escuchado muchos razonamientos erróneos que buscan explicar los estragos que provocó este virus. Algunos pensadores no cristianos sugieren que la Madre Naturaleza (o, en términos simples, la naturaleza o el naturalismo) está castigando a los habitantes de la Tierra por el daño ambiental que han causado y su desidia hacia el planeta. Esto es paganismo. He oído también a personas religiosas (protestantes y católicos) declarar que China e Italia están sufriendo porque han legalizado la práctica del aborto. Otros dicen que el surgimiento de este virus es consecuencia de que China sea una nación atea y de que el Imperio romano (Italia) en su momento persiguió a la iglesia primitiva. Y ahora, los norteamericanos están en el primer lugar en los contagios por la soberbia que siempre los caracterizo. Todo esto es un disparate. Cuando escuchamos este tipo de necedades en nuestras iglesias, deberíamos hacer caso omiso o denunciarlo ante la congregación.

Recordemos lo que la Palabra de Dios enseña: Dios es soberano y omnisciente, y nosotros no poseemos ninguno de esos dos atributos.

El Señor ha dicho: Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni son sus caminos mis caminos. Así como los cielos son más altos que la tierra, también mis caminos y mis pensamientos son más altos que los caminos y pensamientos de ustedes. (Isaías 55:8-9)

¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién ha entendido la mente del Señor? ¿O quién ha sido su consejero?  […] Ciertamente, todas las cosas son de él, y por él, y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén. (Romanos 11:33-36)

Como seguidores de Jesucristo y discípulos de la Biblia, debemos asumir una actitud de humildad intelectual. Hay preguntas acerca del propósito de Dios para las cuales jamás tendremos una respuesta. Es más, tampoco debemos ser ingenuos y acoger de manera acrítica cualquier teoría conspirativa que se cruce por las pantallas de nuestras redes sociales, teléfonos y computadores (en realidad, cualquier “noticia” proveniente de Facebook o YouTube debería evaluarse partiendo del escepticismo). Debemos cuidarnos de no acabar comportándonos como los impíos amigos de Job, que le dijeron: “Esto es tu culpa. Tú debes haber hecho algo malo para merecer esta aflicción”.

Por el contrario, escuchemos al apóstol Pablo, quien nos insta a buscar la madurez del entendimiento y nos dice que “ya no seamos niños fluctuantes, arrastrados para todos lados por todo viento de doctrina, por los engaños de aquellos que emplean con astucia artimañas engañosas” (Efesios 4:14).

Entonces ¿qué podemos decir con seguridad y con integridad teológica acerca del nuevo coronavirus? Podemos afirmar al menos tres ideas. En primer lugar, que las plagas de todo tipo (morales, sociales, médicas, militares y económicas) efectivamente son producto del pecado original. Génesis 3 describe una reversión de la creación y la anulación del shalom sobre la tierra, males que se desataron a causa de los planes de la serpiente y la desobediencia de Adán. Génesis 4 al 11 relata cómo la plaga del pecado asedió a la humanidad hasta el punto en que todo acabó en el diluvio. En efecto, Génesis 6 registra una aterradora confesión de Dios: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. […] Y dijo Jehová: […] me arrepiento de haberlos hecho” (Génesis 6:5, 7 [RVR60]).

Desde la caída en el pecado, vivimos en un entorno pecaminoso donde ocurren cosas terribles. Es así de simple y trágico. Muchas veces, no podemos encontrar una razón más profunda o explícita que dé cuenta del sufrimiento, por más que, sin duda, sea frustrante. Por eso, Pablo nos dice que la creación está sujeta a la “vanidad” (Romanos 8:20) y que vivimos en el “presente siglo malo” (Gálatas 1:4). Del mismo modo, el salmista escribió: “Tú que me has hecho ver muchas angustias y aflicciones” y Jesús también nos dijo: “Habrá grandes terremotos, y plagas y hambres en diversos lugares” (Lucas 21:11).

En segundo lugar, como cristianos deberíamos servir a la humanidad por su propio bien y para la gloria de Dios en medio de los tiempos de crisis. Al igual que José, que enfrentó un enorme desastre natural cuando Egipto atravesó una hambruna, debemos trabajar con todos, sin importar cuáles sean sus cosmovisiones, para evitar las catástrofes (Génesis 41-50). Al igual que Daniel, que fue consejero real cuando el emperador tuvo una alarmante visión del futuro, debemos prepararnos intelectualmente para ocupar cargos mundanos de poder e influencia durante los tiempos de crisis (Daniel 1-5). Por último, al igual que Nehemías, quien ayudó a reconstruir la ciudad de Jerusalén después del exilio, debemos ayudar a otros a reconstruir la sociedad después de la catástrofe (Nehemías).

En tercer lugar, durante este tiempo de aislamiento y escasez, debemos hacer el bien hasta donde nos sea posible. Leamos lo que dijo Pedro: “Así que aquellos que sufren por cumplir la voluntad de Dios, encomienden su alma al fiel Creador, y hagan el bien” (1 Pedro 4:19).

Debemos bendecir a las personas con las que compartimos este tiempo de soledad: nuestros padres, cónyuges e hijos. Durante este período, podemos poner fin a los malos hábitos familiares y empezar a construir hábitos nuevos y positivos. También, debemos bendecir a otras personas en la medida en que nos sea posible y a pesar del aislamiento social. Tal vez podemos hacerle las compras a alguna persona de edad avanzada o quizás pasear a su mascota. Podemos contribuir al bien común a través de nuestro servicio público y por medio de donaciones.

En definitiva, tenemos un enorme llamado en este mundo en medio de estos momentos de sufrimiento. Démosle a este tiempo un buen uso: evaluemos nuestras prioridades, aprendamos algo nuevo de la Biblia, comencemos a practicar una nueva disciplina espiritual, sirvamos a los demás y tratemos de ser más como Cristo.

Traducido por Micaela Ozores

7 comentarios

  1. Excelente reflexión, Richard! Nuestras “interpretaciones” no deben aumentar el dolor que ya existe. Tenemos que ser mensajeros -en palabras y acción- de buenas noticias. A eso hemos sido llamados los hijos y las hijas de Dios. Gracias!

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  2. Brillante Richard!
    Que propicio momento nos está dando el Señor para demostrar de manera práctica el amor de Jesucristo. El mundo está pidiendo a gritos ver a Dios aunque por orgullo no lo admite .Seamos antorchas encendidas para encender otras.¡ES NUESTRA OPORTUNIDAD!

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  3. Es correcta la reflexión y cala hondo dentro de nuestras propias interpretaciones quizás…Quedé rumiando dos palabras “tengamos humildad intelectual”. No es menos cierto que el hombre tiene por naturaleza la necesidad de encontrar las respuestas a situaciones que nos exceden. También es cierto que muchos acontecimientos escritos en la biblia se cumplieron, otros se están cumpliendo y otros por cumplirse. Es nuestro deber como cristianos y siempre lo fue evangelizar, servir a nuestro prójimo, amarlos…Imitar a
    Jesús. Isaías: 24: 1-17

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  4. Muy buena reflexión Richard!, no cabe duda de que Dios tiene un gran propósito con todo lo que está pasando!. Confiamos en eso, en sus promesas y en que va a hacer algo grande con mucha gente!. Debemos estar preparados para lo que venga, esto recién es el comienzo…
    Bendiciones!

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    1. Doy gracias a Dios por la sabiduría que te dio para ofrecernos este mensaje tan oportuno y claro. En estos momentos en que nuestros hábitos cambiaron sin previo aviso, y quedamos expuestos a leer y escuchar gran cantidad de teorías conspirativas y alarmistas, yo encuentro que es una gran bendición que hayas podido compartir con nosotros este mensaje serio y perfectamente documentado. Gracias hermano!

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