Dos caminos

En el antiguo Israel, recorrer largas distancias a pie era peligroso debido al terreno y a la falta de seguridad pública. En el libro de Proverbios, este contexto es parte de una metáfora acerca de la vida. Daniel P. Bricker comenta al respecto:

En una sociedad en la que se viajaba principalmente a pie, la metáfora de la senda o el camino representaba el diario vivir. La importancia de elegir bien a lo largo del trayecto por el desierto era obvia. Una mala elección podía conducir, en el mejor de los casos, a demoras hasta volver a localizar la senda correcta, y en el peor de los casos, a perderse y ser víctima de depredadores o de bandidos o, inclusive, enfrentar la muerte. Según este concepto, «tropezar» es una de las consecuencias más serias de caminar por la senda incorrecta.

Una clara representación de la metáfora está en Proverbios 4:10-19.

(10) Escucha, hijo mío, acoge mis palabras, y los años de tu vida aumentarán.
(11) Yo te guío por el camino de la sabiduría, te dirijo por sendas de rectitud.
(12) Cuando camines, no encontrarás obstáculos; cuando corras, no tropezarás.
(13) Aférrate a la instrucción, no la dejes escapar; cuídala bien, que ella es tu vida.
(14) No sigas la senda de los perversos ni vayas por el camino de los malvados.
(15) ¡Evita ese camino! ¡No pases por él! ¡Aléjate de allí, y sigue de largo!
(16) Los malvados no duermen si no hacen lo malo; pierden el sueño si no hacen que alguien caiga.
(17) Su pan es la maldad; su vino, la violencia.
(18) La senda de los justos se asemeja a los primeros albores de la aurora:
su esplendor va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud.
(19) Pero el camino de los malvados es como la más densa oscuridad; ¡ni siquiera saben con qué tropiezan!

Este pasaje contrasta los dos caminos, positivo y negativo, que se encuentran ante la humanidad. Muchas de las comparaciones y contrastes se pueden resumir de esta manera:

Según este pasaje, la senda de la sabiduría está inmersa en el contexto de una relación filial. Está determinada por la ética y afirmada por la rectitud. Implica un proceso pedagógico que favorece el conocimiento progresivo y un aprendizaje que dura toda la vida. Promueve el crecimiento de acuerdo con el orden de la creación. En contraposición, el camino de la maldad se desarrolla en identidades grupales distópicas que derivan de autoexclusión y rebelión. Promueve un estilo de vida basado en permanentes malas decisiones, letargo, sufrimiento autoimpuesto y, finalmente, la muerte.

Otro tema asociado a los dos caminos es la comparación entre la senda «recta» y la «torcida».  Michael Carasik describe las diferencias de esta manera: «El texto bíblico, con frecuencia, hace énfasis en seguir el camino recto indicado por las enseñanzas de Dios… cuando uno se desvía, es únicamente para evitar el camino del mal y luego, retomar la senda de la rectitud». Proverbios 1-9 describe a la persona torcida como quien «anda por caminos torcidos» (2:15), que habla con «palabras corruptas» (4:24), da discursos «perversos o torcidos» (8:8). Son «malos, depravados» (6:12). En contraste, quienes siguen la senda recta «reconocen» a Jehová en todos sus caminos. Se enfocan en la rectitud y en la fidelidad, ya que «fijan su mirada en lo que tienen por delante». «Entienden» y descubren el «conocimiento» (8:8).

Según el libro de Proverbios, por lo tanto, todos estamos caminando. Todos vamos por un camino. La vida es un viaje con dos direcciones, de las cuales elegimos una, y el destino final para toda persona es el bien o el mal, la luz o la oscuridad. «La vida se debate entre seguir a Dios y el bien o dejarse llevar por la necedad y la falsa bondad». A todos nos motiva ya sea el temor de Dios o la idolatría. Todos nos movemos en dirección a la bendición o a la destrucción. Cada senda incluye prioridades que agradan a Dios o le disgustan, de la misma manera que hay estilos de vida que bendicen o maldicen. Y cada sendero nace y conduce a la sabiduría o a la insensatez. Sin dudas, el poeta Robert Frost expresó muy bien este dilema: «Dos caminos se bifurcaban en un bosque, y tomé el menos transitado, eso ha hecho toda la diferencia». Quienes transitan las sendas de la justicia, de la rectitud, son bendecidos por Dios y bendicen a otros.

 

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