Caín: padre de la avaricia y la violencia

 Mas éstos blasfeman las cosas que no entienden, y las cosas que como animales irracionales conocen por instinto, por estas cosas son ellos destruidos. ¡Ay de ellos! Porque han seguido el camino de Caín, y por lucro se lanzaron al error de Balaam, y perecieron en la rebelión de Coré. (Judas 11-12)

El primer fratricidio pone de manifiesto lo distorsionada que ha quedado la mentalidad de la raza humana luego de la caída en el pecado (Gn. 3). Génesis 4:3-5 y 8 describe el homicidio de Abel, llevado a cabo por su hermano Caín.

Andando el tiempo, sucedió que Caín llevó al Señor una ofrenda del fruto de la tierra.
Y Abel también llevó algunos de los primogénitos de sus ovejas, de los mejores entre ellas. Y el Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda,
pero no miró con agrado a Caín ni a su ofrenda. Y Caín se enojó mucho, y decayó su semblante.
Dijo entonces Caín a su hermano Abel: «Vayamos al campo.» Y sucedió que, mientras estaban ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.

Génesis 4 nos muestra que la avaricia y la violencia están relacionadas. Hay una interesante semejanza entre el nombre Caín y el verbo hebreo “ganar”, a la par de otros términos hebreos similares relacionados con la adquisición de bienes y riquezas, lo cual indica que había una avaricia inherente a la naturaleza de Caín. Según sugieren la etimología y el texto bíblico, Caín era dueño de una mente esclavizada por la avaricia y la envidia, codiciosa hasta la médula.

De hecho, esta evaluación negativa de Caín se encuentra en escritos antiguos de la literatura judía. Caín era percibido como la personificación de la maldad, la antítesis de Abel, el justo. Era un “arquetipo de aquellos que oprimen al pobre y al justo en busca de ganancias personales” y “llegó a representar todo aquello que es reprobable acerca de la humanidad”. Josefo lo consideró un hombre “completamente malvado que sólo buscaba su propia ganancia”. Filón enseñaba que “Caín es el mayor de los narcisistas” y que “los miembros ricos de la sociedad que viven una vida de lujos son sus seguidores”. Otros autores judíos afirmaron que deseaba “poseer toda la tierra” y que su sed de ganancias “lo motivó a matar a Abel”. Judas 11 habla del “camino de Caín” en un contexto negativo. 1 Juan 3:12 declara que Caín “era del maligno”. El contexto lo ilustra como un modelo económico que no es digno de imitar (vv. 11-18).

Caín fue el primero en derramar sangre con motivos religiosos y levantar una ciudad apóstata vinculada con su linaje violento e idólatra (Gn. 4:17). Caín fue un hombre codicioso, el prototipo del narcisista. De hecho, Génesis 4 lo ilustra en estrecho paralelismo con sus padres, Adán y Eva, quienes escucharon el consejo de la serpiente en vez de escuchar a Dios. Abrazaron la nociva cosmovisión de la serpiente y la materializaron en su pensamiento y conducta erróneos. Un autor dijo acerca de su codicia: “Caín tenía una cosmovisión nueva que se oponía radicalmente a Dios y, por medio de su mente pecaminosa, adoptó la idea de que él podía ser su propia ley”. En esto, se asemejó a su madre —quien codició la “sabiduría”—, pero su mente se perfeccionó aún más en la artería diabólica.

Este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano eran justas. Hermanos míos, no se extrañen si el mundo los odia. En esto sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida: en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en la muerte. Todo aquel que odia a su hermano es homicida, y ustedes saben que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. (1 Jn. 3:11-15)

 Traducido por Micaela Ozores

Un comentario

  1. Sin ánimo de defender a Caín, no encuentro mucho fundamento bíblico para la noción de su avaricia. La relación de su nombre con el verbo “adquirir” está relacionada con la declaración de Eva en Génesis 4:1. Esto no significa que Caín fuera avaro o codicioso. En el Nuevo Testamento, sus serios defectos se vinculan con la falta de amor (1 Juan 3:12) y de fe (Hebreos 11:4). Judas lo menciona en relación con individuos libertinos, arrogantes y rebeldes. El vínculo con la avaricia parece provenir más de conjeturas halladas en la literatura judía extracanónica que del testimonio de la Escritura.

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