¿La imagen de Dios o el esclavo de los dioses?

Génesis 1 al 11 describe a Dios como el rey divino de la creación, pero en los tiempos en que fue escrito este libro, había otras cosmovisiones que se oponían a este relato. Mientras que Dios creó todas las cosas ex nihilo (de la nada), otras cosmovisiones antiguas ilustran la creación como: creatio ex materia (hubo una especie de Ser que creó las cosas a partir de materia eterna o preexistente), creatio ex deo (un Dios que crea a partir de otras deidades), el combate divino (las cosas fueron creadas a través de un conflicto celestial primitivo), creatio continua (una creación continua o una emanación divina a lo largo del tiempo) y el retorno eterno (la regresión infinita hacia un estado primitivo provocado por la destrucción cósmica, seguida por la recreación).

Además, los estudiosos han observado que Génesis 1 y 2 comparten ciertos términos y conceptos con las ideologías del antiguo Medio Oriente, o que estas últimas, manejan conceptos similares. Por ejemplo, en Egipto, se creía que sólo el faraón era la imagen de Dios sobre la tierra. En la Mesopotamia, el monarca era considerado el representante de los dioses, el único dotado del poder y la autoridad para gobernar en nombre del panteón de los cielos. La Lista Real Sumeria narra el origen de los reinados como un don de los dioses, “cuando la monarquía descendía del cielo”.

Los humanos participaban en la misión de Dios (Gn. 1:26). No eran pestes ni mano de obra esclava, ni un mal necesario para preservar el buen funcionamiento del cuerpo político.

A la par de la idea de la inspiración divina del monarca, existía la creencia de que los dioses daban dones a la humanidad distribuyéndolos de forma adecuada para el bien de la sociedad humana. La cultura urbana de la Mesopotamia, con su visión de grandeza y el ejercicio de la dominación absoluta, estaba fundada sobre sus mitos. Se creía que la civilización mesopotámica existía por mandato divino, lo cual elevaba a los seres humanos de la condición de bestias primitivas y los volvía plenamente humanos al constituirse en esclavos de los dioses y de su rey.

Según el poema épico de Atrahasis, esta es la razón por la que fueron creados los seres humanos. Específicamente, la civilización comprendía la culminación de los esfuerzos de los dioses menores, que cavaban canales. Así, la humanidad fue creada y se la puso a trabajar para reemplazar a los dioses menores en la producción de alimentos y en las tareas de construcción. Esta solución esperada demostró ser una bendición a medias, ya que el número de humanos se multiplicó inmensamente y esto provocó una gran conmoción, lo cual perturbó la tranquilidad de los cielos. Algunos dioses intentaron reducir esta molestia por medio de enfermedades, infertilidad y partos de bebés muertos, pero la “solución final” fue un gran diluvio. Después de esta inundación, se permitió crecer a una nueva raza de humanos, dedicada a trabajar para los dioses y a ofrecerles ofrendas en sus templos.

No obstante, los contrastes con Génesis 1 al 2 son bastante claros. Si bien estos mitos toman términos e ideas similares a los bíblicos, el relato bíblico ocurre en el marco de una cosmología y una antropología antitéticas, una cosmovisión totalmente distinta. Según Génesis, Dios no se vio abrumado por el trabajo arduo de la creación o del mantenimiento de su casa. De hecho, estas obras le fueron un enorme placer. En contraste con la cosmovisión mesopotámica, que estaba al servicio de un sistema social corrupto que existía para unos pocos y prosperaba mediante la subyugación de muchos, el reino de Dios fomentaba el verdadero crecimiento y el pleno desarrollo de la humanidad en todas las clases sociales y económicas. Además, la imagen y semejanza de Dios no quedaba confinada a la monarquía y a los beneficios derivados para la elite aristocrática y clerical, sino que era un atributo que compartían todos los seres humanos. Dios no se vio amenazado por el caos ni los conflictos primitivos, ni se vio socavado o perturbado por la llegada del ser humano. Tampoco hubo una disyunción entre la obra de Dios y el trabajo humano. De hecho, los humanos participaban en la misión de Dios (Gn. 1:26). No eran pestes ni mano de obra esclava, ni un mal necesario para preservar el buen funcionamiento del cuerpo político. Por el contrario, eran la corona de la creación, el punto culminante de la obra artística de Dios y los mayordomos de la casa de Dios. Eran embajadores reales y vicerrectores del reino de Dios.

Traducido por Micaela Ozores

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