“Discipulando naciones”: Una crítica empática del libro de Darrow Miller (Parte 2)

Mientras que muchos cristianos convalidan las afirmaciones de Miller por su importante énfasis sobre las ideas, su repudio hacia la división entre lo sagrado y lo secular y la necesidad de ejercer una influencia sobre las sociedades por medio de la cosmovisión bíblica (¡yo también estoy muy de acuerdo!), su escatología plantea una serie de problemas. Las siguientes aseveraciones son muy reveladoras:

Nuestro trabajo es ayudar a las personas a ver la imagen panorámica de lo que Dios está haciendo en la historia para restaurar el mundo, terminar con el hambre y edificar su reino (117).

Nuestro deber es cultivar el huerto, edificar la ciudad, llenar la tierra del conocimiento del Señor y bendecir y discipular a todas las naciones (137).

La tarea que Dios asigna a la iglesia al darle la gran comisión no es nada menos que discipular a las naciones. Si la iglesia no discipula a la nación, la nación va a discipular a la iglesia (192).

Observe el estrecho paralelismo que hay entre el pacto de Dios con Abram para que bendijera a todas las naciones (vea Génesis 12:1-3) y la gran comisión que Cristo entrega a la Iglesia, mandándole que haga discípulos de todas las naciones (vea Mateo 28:18‑20) (225).

¿Por qué la bendición tiene que extenderse a todas las naciones? ¿Para qué debemos discipular naciones? Para que cuando el Rey vuelva, la gloria de las naciones sea presentada ante él de manos de los reyes de las naciones, en la Ciudad de Dios (263).

El hombre debe ser partícipe y ayudante en la tarea de apresurar la consumación de la historia que Dios está desplegando… la compleción de la transformación. La propagación de la bendición de las naciones hasta el punto culminante: ese es nuestro telos [propósito, destino, objetivo] (277).

En ese día, cuando hayamos terminado de discipular a las naciones, los reyes de la tierra llevaran la gloria de las naciones al Cordero, nuestro Rey, Jesucristo (vea Apocalipsis 21:24‑26). Hasta ese día final, ¡todos tenemos trabajo que hacer! (279)

Al parecer, Miller no logra discernir a fondo la diferencia entre las dos “comisiones” (el mandato cultural de Génesis 1:26-28 y la gran comisión de Mateo 28:19) a la luz del mundo complejo y desordenado en el que vivimos “debajo del sol” (Ec. 1:9) y en el “presente siglo malo” (Gá. 1:4). En la era presente, jamás alcanzaremos la concreción del estado ideal por medio de alguna ideología o cosmovisión: ni el comunismo, ni el socialismo, ni la democracia, ni el capitalismo, ni el consumismo, ni el islam, ni ninguna de las innumerables espiritualidades alternativas. Jamás existirá un verdadero “Santo Imperio (inserte el calificativo deseado)”.

Me temo que su plan de acción podría transformar a la iglesia, los “extranjeros y peregrinos” de este mundo (1 P. 2:10-12), en inmigrantes y quizás incluso en colonialistas.

Todo indica que Miller acoge una perspectiva excesivamente optimista, post-milenialista y triunfal que sueña con un desarrollo cultural progresivo del cristianismo y su dominación del mundo a modo de preparación para la segunda venida del Señor. De acuerdo con la visión de Miller, la iglesia debería concentrar sus esfuerzos en la edificación de la nación. Es interesante considerar que la única cultura que, al parecer, se adecúa mejor a esta “ética del desarrollo” es la norteamericana, ya que él declara que “el capitalismo democrático es absolutamente mejor que ningún otro sistema” (edición para Kindle; observe los comentarios más matizados de la 2da edición: 119, 138-139, 158). Como dijo Cunningham respecto de la visión de Miller: “discipular a las naciones” es “la clave para resolver los problemas del mundo” (énfasis mío). Miller dice que nosotros “edificamos la ciudad de Dios” (énfasis mío; 137, 225). Si bien es posible que no haya sido su intención afirmar que el ser humano es quien construye la ciudad de Dios en esta era presente, su forma de expresarse y su esquema escatológico son poco claros, lo cual es problemático para el lector de su libro que no discierne estas cuestiones.

Por lo tanto, parecería que los cristianos son quienes edifican la iglesia, para que ella pueda edificar la nación y desarrollar la cultura, y así resolver los problemas del mundo: todo esto para preparar la tierra para la segunda venida del Señor. Sin embargo, resolver los múltiples problemas sociales, políticos y económicos de Argentina, por dar un ejemplo, y edificar en ella la rama local de la ciudad de Dios es un ideal que impone una onerosa carga sobre la iglesia local.

Para respaldar su escatología optimista, Miller menciona el “debate entre los pesimistas [el ‘evangelicalismo de los últimos días’ y el ‘pietismo diluido’] y los optimistas” (161). Sin lugar a dudas, él está en el bando de los optimistas, y comenta: “Sin embargo, no pueden tener razón los dos bandos. ¿Cómo elegimos entre ellos?”. Luego, para apoyar su postura teológica, Miller cita diversos datos demográficos y económicos (161-162).

No obstante, cabe preguntarse: ¿podría haber una tercera alternativa viable, una perspectiva teológica entre ambas partes mutuamente excluyentes: entre el pre-milenialismo “pesimista” y el post-milenialismo “optimista”? Sí, la hay. Es la escatología clásica que abrazaron muchos estudiosos de la Biblia y teólogos respetados: el a-milenialismo, lo que podríamos llamar la perspectiva “realista” (basándonos en el esquema de Miller, pero eso es tema para otro artículo J).

Tristemente, Miller parece utilizar ciertos pasajes para validar un programa teológico social impuesto, que distorsiona el esquema de continuidades y discontinuidades entre el Edén y el “presente siglo malo” (Gá. 1:4), así como las continuidades y discontinuidades que hay entre “este siglo” (1 Co. 2:6) y el “siglo venidero” (Ef. 1:21). Parecería que, de forma ingenua, impone el mandato cultural previo a la caída (Gn. 1:26-28) sobre una gran comisión posterior a la caída (Mt. 28:19) sin hacer ningún reparo importante. Él lee lo que está escrito “dentro del texto”, en lugar de leer lo que encontramos “fuera del texto”, en el contexto inmediato o en la narrativa más amplia de la historia de la redención.

En consecuencia, me temo que su plan de acción podría transformar a la iglesia, los “extranjeros y peregrinos” de este mundo (1 P. 2:10-12), en inmigrantes y quizás incluso en colonialistas.

Por lo tanto, sugiero que hagamos con urgencia un análisis más profundo de los temas importantes y dignos de atención que plantea Miller, y quienes deben hacerlo son los líderes ministeriales, aquellos que desean “amar a Dios con toda su mente” (Mr. 12:30). También debemos hacer una revisión reflexiva de estas posturas para evitar caer en falsas esperanzas, expectativas ilusorias y cargas innecesarias, basadas en una visión de ánimos inflamados y exaltados para el pueblo de Dios de la Argentina. Este es el grave error conceptual y la gran preocupación que mencioné antes.

A continuación, voy a proponer algunas preguntas para el debate en relación con el libro de Darrow Miller y les ofreceré una lista de algunos otros recursos que nos proporcionan una reflexión más equilibrada y matizada.

Nota: Pueden leer acerca de mi postura respecto de la participación del cristiano en la sociedad y la política en mi artículo más reciente: “Un lugar en la mesa: la participación del cristiano en la política dentro de un contexto post-cristiano”.

 Preguntas

 ¿Cuál es la visión de Miller? ¿Una teocracia, una utopía cristiana, una república “cristiana”, el capitalismo democrático o un movimiento de reforma social?

Consideremos los casos del Imperio romano bajo el gobierno de Constantino (después de su conversión), el Sacro Imperio Romano, la Alemania de Lutero, la Ginebra de Calvino, el estado puritano de Cromwell, la Nueva Inglaterra puritana de Norteamérica, la Inglaterra de la reina Victoria y el Imperio británico o la Holanda de Kuyper. ¿Son buenos modelos? (¿Qué tan puras fueron esas sociedades y cuánto duraron?)

¿Está dispuesto Miller a buscar el bien común, basándose en la gracia común y la revelación general, en un intercambio con quienes tienen cosmovisiones distintas a la suya?

¿Qué quiso decir Jesús cuando dijo a Pilato: “Mi reino no es de este mundo” (Jn. 18:36)?

¿Cuáles son los paralelismos entre la Israel del exilio babilónico y nuestra propia experiencia mientras aguardamos “los cielos nuevos y la tierra nueva” (2 P. 3:13) y mientras “[esperamos] de los cielos a su Hijo, […] quien nos libra de la ira venidera” (1 Ts. 1:10)?

¿Qué significa ser “extranjeros y peregrinos” (1 P. 2:10-12) o “embajadores” (2 Co. 5:20) en este mundo?

¿Hasta qué punto hay continuidades y discontinuidades entre el Edén y la historia humana posterior a la caída en el pecado, es decir, entre Génesis 1-2 y Génesis 3?

¿Hasta qué punto hay continuidades y discontinuidades entre el “presente siglo malo” (Gá. 1:4) y los nuevos cielos y la nueva tierra (2 P. 3:13) en relación con “discipular a las naciones”?

¿Cómo se “discipulan naciones” realmente en el contexto de la post-cristiandad, el secularismo, el consumismo, el pluralismo, el posmodernismo y el naturalismo (sin mencionar el islam radical)?

¿Cómo se “discipulan naciones” cuando la cosmovisión cristiana se ve implausible desde un punto de vista intelectual y, en términos existenciales, poco atractiva?

¿Cómo se “discipulan naciones” cuando los cristianos están excluidos del lugar de guardianes de la cultura, y carecen de poder político, de educación superior o de recursos económicos?

¿Cómo se “discipulan naciones” cuando muchos cristianos abrazan una espiritualidad anti-intelectual y carecen incluso de un nivel básico de conocimiento bíblico, teológico y cultural?

Recursos en español disponibles en este sitio web

Cómo influenciar la cultura para Cristo (video – Keith Campbell)
Ni utopia ni indiferencia (artículo – Bill Edgar)
¿Qué es la pobreza? (video – Brian Fickert)
La fe cristiana y el próximo siglo (video – Os Guinness)
Cómo la iglesia se involucra en una cultura post cristiana (video – Os Guinness)
El protestante, el disidente y el Cristiano (artículo – Tom Johnson)
El trabajo dual de Dios en el mundo (artículo – Tom Johnson)
Principios bíblicos en la plaza pública: Bases teológicas para la participación cristiana
(artículo – Tom Johnson)
La humildad en nuestro compromiso cultural (video – Tim Keller)
El Gran desmitificador: el evangelio y la idolatría (video – Tim Keller)
Reforma o revolución: Los Cristianos académicos y una cosmovisión Cristiana en la  universidad
(artículo –  Daryl McCarthy)
Corazones y mentes se inflaman por Cristo (Monjes Irlandeses —  Un modelo para hacer  todas las cosas nuevas en el siglo 21 (artículo –  Daryl McCarthy)
Un lugar en la mesa: la participación del cristiano en la política dentro de un  contexto poscristiano (artículo –  Richard Smith)
El Evangelio en tres dimensiones (artículo – Richard Smith)
La misión de Dios y la prosperidad económica (artículo – Richard Smith)
Teoría de la Cultura Popular desde una visión cristiana del mundo (artículo – Ted Turnau)

Traducido por Micaela Ozores

4 comentarios

  1. Estimado Richard:
    Pasemos ahora a lo que usted describe como mi «error conceptual grave». Podríamos definirlo
    mejor clasificándolo como un error escatológico.
    En su blog señala que «en la era presente, jamás alcanzaremos la concreción del estado ideal
    […]». Puede que le sorprenda enterarse que estoy de acuerdo con usted en que no podremos
    alcanzar el estado ideal de este lado de la historia, antes de la segunda venida de Cristo.
    Estamos en los tiempos del «ahora» y el «todavía no». Como usted tan bien lo explica,
    actualmente vivimos en un «mundo complejo y desordenado […] “debajo del sol”». La
    restauración final de todas las cosas no tendrá lugar antes de la venida de Cristo. Ahora bien,
    ¿cómo debemos vivir la vida? Debemos vivir el «ahora» en el contexto del «todavía no». El
    contexto de nuestra vida no es la búsqueda de consumir cada vez más, como argumentarían los
    modernistas. Tampoco lo es la desaparición del individuo, que viaja a un país del nunca jamás
    espiritual, como dirían los posmodernistas y las religiones orientales. No, el contexto de nuestra
    vida es, primero, la muerte y resurrección de Jesucristo: él conquistó la muerte, ya no
    necesitamos vivir en el temor a la muerte. En segundo lugar, el contexto de nuestra vida es la
    certeza de que él regresará en el fin de los tiempos a consumar la historia con la venida de la
    plenitud del reino de Dios.
    ¿Cómo debemos vivir en el tiempo intermedio entre la primera y la segunda venida de Cristo?
    Debemos buscar la sanidad sustancial en todas nuestras relaciones. Debemos vivir a la luz de
    estos sucesos clave de la historia. Debemos vivir la vida de la prolepsis, situados hoy en la
    realidad del futuro. En otras palabras, debemos vivir como si el futuro fuera presente. Debemos
    vivir en el mundo que ahora vemos, en concordancia con lo que sabemos que es verdadero en
    el mundo invisible, revelando con nuestra vida, en el presente, el «todavía no» de la venida del
    reino de Dios.
    Miller no logra discernir a fondo la diferencia entre las dos “comisiones” (el mandato
    cultural de Génesis 1:26-28 y la gran comisión de Mateo 28:19) a la luz del mundo
    complejo y desordenado en el que vivimos “debajo del sol” (Ec. 1:9) y en el “presente
    siglo malo” (Gá. 1:4). En la era presente, jamás alcanzaremos la concreción del estado
    ideal por medio de alguna ideología o cosmovisión: ni el comunismo, ni el socialismo, ni
    la democracia, ni el capitalismo, ni el consumismo, ni el islam, ni ninguna de las
    innumerables espiritualidades alternativas. Jamás existirá un verdadero “Santo Imperio
    (inserte el calificativo deseado)”.
    Richard, yo argumentaría que, si bien la comisión cultural se vio afectada por la caída, no por
    eso ha quedado anulada. La descripción de nuestro trabajo según Génesis 1 y 2 sigue siendo
    nuestro trabajo prioritario y nuestra responsabilidad actual. Llevar a cabo este primer trabajo
    de este lado de la cruz es el verdadero significado de que la iglesia sea sal y luz en el mundo
    caído, es lo que realmente significa pensar en términos bíblicos la vida familiar y la vocación, y
    es lo que realmente significa discipular naciones.
    Richard, su blog prosigue diciendo lo siguiente:

    Todo indica que Miller acoge una perspectiva excesivamente optimista, post-milenialista
    y triunfal que sueña con un desarrollo cultural progresivo del cristianismo y su
    dominación del mundo a modo de preparación para la segunda venida del Señor. De
    acuerdo con la visión de Miller, la iglesia debería concentrar sus esfuerzos en la
    edificación de la nación. Es interesante considerar que la única cultura que, al parecer,
    se adecúa mejor a esta “ética del desarrollo” es la norteamericana, ya que él declara que
    “el capitalismo democrático es absolutamente mejor que ningún otro sistema” (edición
    para Kindle; observe los comentarios más matizados de la 2da edición: 119, 138-139,
    158). Como dijo Cunningham respecto de la visión de Miller: “discipular a las naciones”
    es “la clave para resolver los problemas del mundo” (énfasis mío). Miller dice que
    nosotros “edificamos la ciudad de Dios” (énfasis mío; 137, 225).
    Mi respuesta es un sí y un no. Podría sentirme tan desalentado y deprimido como cualquier
    otra persona con motivo del estado caído de nuestro mundo. Después de treinta años de viajar
    por el mundo del hambre y la pobreza y, más recientemente, después de ver el colapso moral y
    espiritual de mi país, estoy profundamente preocupado. Sin embargo, al mismo tiempo soy
    optimista, porque sé quién ganó la batalla de la cruz y sé con certeza que Cristo regresará con
    su reino.
    Si bien creo que se puede lograr un progreso en el mundo material, considerando que aún no
    hemos visto la segunda venida de Cristo, no soy triunfalista. Me describiría a mí mismo como
    un realista optimista. Afirmo que Cristo espera que manifestemos su reino venidero y que se
    haga su voluntad en la tierra como en el cielo, pero esto conduce al desarrollo, no a la
    «dominación del mundo».
    En este punto, la parábola de Cristo acerca del trigo y la cizaña es instructiva. El trigo y la cizaña
    crecen juntos a la par, codo a codo en el mismo campo. El reino de la luz y el reino de las
    tinieblas crecen en el mismo campo, pero serán separados cuando llegue el tiempo de la
    consumación de la cosecha.
    Tal vez interprete que soy posmilenialista, pero yo no me describiría en esos términos. De
    hecho, desde que presencié un debate interminable en el seminario sobre la cuestión del
    milenialismo, no he usado ninguno de esos términos. Quizás la persona que más me ayudó en
    este sentido fue el teólogo Dr. James Hurley, a quien conocí en L’Abri. Jim se identificaba a sí
    mismo como «promilenialista».
    Algunos de mis oyentes creen que seguramente sea un defensor de la teocracia cristiana.
    Discipular naciones no significa que los cristianos vayan a tomar el poder político e imponer el
    cristianismo a otras personas por medio de medidas de fuerza gubernamentales. Por el
    contrario, eso es exactamente lo opuesto a lo que la cosmovisión bíblica sostiene. La Biblia
    siempre habla de libertad, la libertad de elegir a Dios o de elegir el infierno. Un acercamiento
    bíblico al gobierno y a la política está basado en esa libertad. Esa es la razón por la que he
    argumentado que el marco de una cosmovisión bíblica nos lleva a tener sociedades libres
    donde las personas se gobiernan a sí mismas de forma interna. Cuanto más ejercen el gobierno
    sobre sí mismas, más libre es la sociedad y más limitado es el gobierno. Si las personas no se
    gobiernan a sí mismas, habrá anarquía y tiranía. De hecho, la fe no pluralista del teísmo
    judeocristiano es la que nos lleva a tener sociedades pluralistas. Todos los demás credos,
    incluido el secularismo, avanzan hacia la «teocracia» o la tiranía. De nuevo, si desea leer más
    sobre este tema, puede consultar mi libro La liberación del mundo.
    Luego, usted escribe:
    Por lo tanto, parecería que los cristianos son quienes edifican la iglesia, para que ella
    pueda edificar la nación y desarrollar la cultura, y así resolver los problemas del mundo:
    todo esto para preparar la tierra para la segunda venida del Señor. Sin embargo,
    resolver los múltiples problemas sociales, políticos y económicos de Argentina, por dar
    un ejemplo, y edificar en ella la rama local de la ciudad de Dios es un ideal que impone
    una onerosa carga sobre la iglesia local.
    Richard, me permito disentir con usted en este punto. En mis viajes por el mundo, incluidos mis
    viajes por Argentina, he conocido a muchos pastores y cristianos que están insatisfechos con el
    estado de la iglesia y lo que esperan de la vida cristiana. Muchos me han preguntado: «Ser
    iglesia, ser cristiano, ¿no conlleva nada más que esto?». Yo diría que los problemas sociales,
    políticos y económicos de Argentina son problemas de la iglesia.
    Un ejemplo muy conocido de este tipo de pensamiento es la iglesia de Tim Keller, Redeemer
    Church, ubicada en la ciudad de Nueva York. Su declaración de visión reza lo siguiente: «Como
    iglesia de Jesucristo, Redeemer existe para ayudar a edificar una gran ciudad para todas las
    personas por medio de un movimiento del evangelio que traiga conversión personal, formación
    en la comunidad, justicia social y renovación cultural a la ciudad de Nueva York y, por medio de
    ella, al mundo».
    Mi colega Dwight Vogt ha escrito un artículo útil sobre este tema: The Unique Role of the Local
    Church in Developing a Flourishing Community [El rol único de la iglesia local en el desarrollo de
    una comunidad próspera; disponible en inglés].
    Como he argumentado antes, la cruz de Cristo tiene una aplicación personal y pública. Hay un
    paralelismo entre el proceso individual de salvación (justificación, santificación y glorificación) y
    el proceso social y mundial del avance del Reino (la cruz, la gran comisión y el discipulado de las
    naciones, y la consumación).
    Ambas aplicaciones son, en cierto modo, procesos de tres pasos. Ambas se derivan de la obra
    terminada de Cristo en la cruz y su victoria sobre Satanás. La primera (individual) posibilita la
    segunda (social y mundial). En ambos casos, el segundo paso (la santificación personal y el
    discipulado público de las naciones) es un proceso enrevesado de victorias y fracasos, avances y
    deslices, altos y bajos, trigo y cizaña, vivir como nueva creación en un mundo que todavía está
    caído e invadido por el enemigo, etc. Sin embargo, ambos procesos apuntan a una dirección
    definitiva. Cristo promete que, en ambos casos, él completará la obra que ha comenzado. Esto
    aplica tanto a nosotros como individuos (el teleios, ser perfectos y completos, sin necesidad de
    nada) y al mundo en su totalidad (el telos, que con la venida de la plenitud del reino de Dios
    alcanzará la compleción perfecta).

    Después de todo, la gran comisión es una co-misión. Somos llamados a aliarnos con Jesús (él
    está al mando) en el proceso de discipular las naciones, con el conocimiento completo de que
    no habrá naciones «discipuladas» a la perfección antes de que Cristo vuelva. Nosotros mismos
    necesitamos ser discipulados y discipular a otros con el conocimiento pleno de que la
    glorificación no tendrá lugar antes de la segunda venida de Cristo.
    Una vez más, Richard, gracias por tomarse el tiempo de leer Discipulando naciones y de escribir
    esta crítica empática. Gracias también por darme la oportunidad de responder a su crítica.
    Tengo la sensación de qué tenemos más puntos en común que desacuerdos. Que el Señor lo
    bendiga y bendiga su ministerio. Si Dios lo permite, podremos compartir un tiempo en mi
    próximo viaje a Argentina.

    -Darrow Miller

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  2. A few weeks ago, I posted a “sympathetic critique” of Darrow Miller’s book, “Discipling The Nations: The Power Of Truth To Transform Cultures.” He kindly responded with several, lengthy statements. I encourage you to read my blog, parts one and two, and his commentary. I have posted my response at the end of his comments in part two of my blog in English. However, since our dialogue is public, I post the same response here in Spanish.

    Darrow,

    I was happy to receive your response to my blog. My site is quite restricted in its exposure and I sometimes joke that it is just a dust mite on the back of a flea atop a mangy mutt. While the site is gaining readership, I rarely get feedback. So, your thoughtful commentary was a pleasant surprise.

    Your tone, as well, was kind and open, and corresponds to how I describe you in the blog. It will be a pleasure to meet you, when you next come. You are right that we share commonalities, at least about diagnostic issues. I suspect that we differ on prescriptive options. I am not an “optimistic” realist, as you.

    I will make three brief comments, because “an analysis as reflective as yours deserves an
    attentive response.” 😃

    First, I not only read your book (twice), I studied it. I took notes, made cross-references, searched for citations of your texts by others, sought other reviews, and I looked at your ministry website. I probably edited and re-edited the blog more than twenty times. I also sent drafts to friends for their review and suggestions. Three of these were highly trained individuals. Four were thoughtful, Argentine Christians. Except for one negative review, all the input was positive, (even the not so positive response was helpful, though).

    Second, you referred me to several, additional texts of yours and of others, and I am grateful. In my blog I referred readers to resources on my site, including two articles by myself. Might I suggest you read: “A Place at the Table: Christian Political Engagement in a Post-Christian Context” and “The Mission of God and Economic Prosperity.” (They are on the site in Spanish. If you want English copies, I can provide them to you.) You will see in the article, “A Place At The Table,” that my vision for Christian social engagement is different than yours (though not incompatible). I also invite you to read some of my blogs (on the “English Page”).

    Third, if we assume your optimism is warranted, I wonder how it might be implemented. What is the infrastructure (institutions, economic, ideas, education, personnel) to make it happen? The infrastructure issue is what I raise in several of my questions at the end of part two. This is a theme with which I am interested. Even if your optimism and vision are plausible, there would be massive, long-term changes needed in terms of education (theological and general), economic investment, and leadership in the church.

    Finally, you wrote: “I do not know if what I have written will show that we have more similar positions than what we thought, or quite the opposite. Maybe they confirm your concern and show that we still differ more than we thought. Whatever the case, I value very much the opportunity to establish a deep dialogue with you.” Thank you. I would enjoy a dialogue, as well. I have learned quite a bit about you from your book, videos, your comments about my blog, and the recent Congress here in Buenos Aires. I would like to tell you more about this site, Cosmovision Biblica, and the ministry of Global Scholars (including the upcoming Society of Christian Scholars).

    I think, honestly, that we will discover areas where can cooperate and areas where we should function individually or in parallel. In fact, I suspect that the ministries of Cosmovision Biblica and Global Scholars will support your work over the long term.

    Until we meet, blessings,

    Richard

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  3. (Por “anónimo”)
    Triunfalismo
    Concuerdo con la respuesta a Darrow Miller. Es precisa. Y, por supuesto, al final de la crítica las preguntas hechas fueron pensadas con agudeza. Los ejemplos están perfectos. Yo no hubiese querido vivir en la Ginebra de Calvino porque era una dictadura. O estabas de acuerdo con él o con Beza o tendrías que enfrentar un juicio y posiblemente podrías terminar quemado en la hoguera. Eso le ocurrió al científico y teólogo español Miguel Servet. Es verdad que él resultó ser un unitarista, pero Calvino no mostró misericordia ni caridad cristiana y su actitud lo convirtieron en un imitador de los inquisidores.
    Como quedó dicho, Miller es un pos-milenialista (también conocidos como amilenialistas. O sea que el milenio es ahora y no habrá otro). Él habla de un “milenio” debido al esfuerzo humano. O como él lo dice: “Cuando regrese el Rey, la gloria de las naciones será traída por los reyes de las naciones hasta la Ciudad de Dios”. Otra vez, por impulso humano. Pero la Biblia dice algo diferente: “Él vendrá en su Gloria” (Mateo 25:31). No hay necesidad de ayuda humana. Él traerá su gloria con Él.
    Como dijiste, es sumamente optimista, un triunfalista como tantos otros. Asimismo, alguna gente dice en un pensamiento materialista que viviremos “de victoria en victoria”, cuando de una manera espiritual es realmente “de gloria en gloria” (2 Corintios 3:18).
    Estoy de acuerdo con todas las preguntas. Son realmente inteligentes. Algunas de ellas: “¿Cómo funcionan verdaderamente “las naciones disciplinadas” en el pos-cristianismo, secularismo, consumismo, pluralismo, pos-modernismo y naturalismo; sin mencionar al islam radicalizado?”. ¿Qué significa ser “extranjeros y peregrinos” (1 Pedro 2:10-12) en este mundo? El imperio romano bajo Constantino (después de su conversión), el Sacro Imperio Romano, la Alemania de Lutero, la Ginebra de Calvino, el Commonwealth puritano de Cromwell, la Nueva Inglaterra puritana de Norteamérica, la Inglaterra de la reina Victoria y el imperio británico o la Holanda de Kuyper, ¿proveen buenos modelos? (Y cuán puras eran esas sociedades y cuánto tiempo duraron)”. Se puede agregar, y ¿cuánto duraron los así llamados Grandes Despertares o Avivamientos? Solo por un tiempo limitado y eso fue todo. Solo observemos cómo vive y se comporta la gente tantos siglos más tarde.
    “¿Qué visión tiene Miller: una teocracia, una utopía cristiana, una república cristiana, democrática, capitalista o un movimiento de reforma social?” Personalmente creo que es demasiado tarde para aspirar a ser una de las sociedades antes mencionadas. Si esos mejores tiempos no sobrevivieron largamente; quién dice que se establecerán en este tiempo. El clima de estos tiempos no es seguramente el mejor.

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