La iglesia: El iridiscente diamante de Dios

El evangelio trata más que de nuestra salvación personal: nuestra historia individual de redención está definida por la iglesia. Los cristianos no servimos a Dios por cuenta propia y Dios no redime a individuos aislados, sino a una comunidad.

Nuestras identidades personales y destinos eternos están entrelazados con la misión re‑creadora de Dios, que él lleva adelante en el mundo por medio de la comunidad redimida de Cristo y por el poder del Espíritu. Por lo tanto, el evangelio tiene una dimensión eclesiológica: la iglesia, el “pueblo de Dios”. La iglesia juega un papel crucial dentro del plan de redención y restauración de Dios.

Hoy en día, Dios está en el proceso de poblar su iglesia y un día, él habitará con nosotros para siempre en su reino, su nuevo tabernáculo, la tierra entera. Pablo expresó una idea similar, pero de una forma mucho más profunda, cuando escribió: “Todo esto es para que ahora sea dada a conocer, por medio de la iglesia, la multiforme sabiduría de Dios a los principados y las autoridades en los lugares celestiales conforme al propósito eterno que realizó en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Ef. 3:10-11).

El término “multiforme”, en el griego, es una palabra compuesta, polupoikilos, formada por raíces polus (abundante, grande, mucho) y poikílos (variado, de muchos tipos). El término compuesto significa multicolor, de muchas caras, de infinita diversidad, de una belleza destellante, iridiscente. Cuando Dios mira a su pueblo, ve en él, un diamante iridiscente al que llama “la iglesia”. La sabiduría de Dios se manifiesta en la iglesia, por medio de la iglesia y a través de la iglesia. La iglesia es parte del evangelio y esa es una gran noticia.

Dios ama a la iglesia y en ella es donde su presencia habita. Por medio de ella, su misión avanza y su reino viene a la tierra. En ella, los cristianos esperamos juntos “según sus promesas” la llegada de “un cielo nuevo y una tierra nueva, donde reinará la justicia” (2 P. 3:13).

El Nuevo Testamento se refiere a la iglesia con diversos nombres y frases según sus distintas características:

Ekklēsia                  En el período del Nuevo Testamento y en el uso secular, el término ekklēsia hacía referencia a los ciudadanos llamados a ejercer cargos de gobierno, investidos del poder del estado para arbitrar en conflictos, juzgar culpabilidad e inocencia, e impartir un castigo. Claramente, la iglesia es una asamblea única, reunida por Dios y en el nombre de Dios para cumplir los planes de Dios en la tierra.

Mi pueblo              El origen del antiguo pueblo de Dios fue Dios mismo. La comunidad de Dios fue creada por Dios y para Dios. Jesús, Pablo y otros escritores del Nuevo Testamento llaman a la iglesia “un pueblo preparado”, “su pueblo”, “mi pueblo, mi amada”, “el pueblo”, “el pueblo de Dios”, “una nación santa”, “el pueblo escogido de Dios”, “familia de Dios”, “descendencia de Abraham” y “la Israel de Dios”.

En Cristo                La Biblia visualiza a cada ser humano por medio de su representante: cada uno de nosotros está representado en el primer Adán y primer hombre o el último Adán, Jesucristo (1 Co. 15:45). La situación espiritual de cada ser humano puede resumirse diciendo que está “en Adán” o “en Cristo”. Los teólogos enseñan que la expresión “en Cristo” se refiere a nuestra “unión con Cristo” y que esta condición es la fuente de toda bendición.

 Cristianos               El libro de los Hechos registra lo siguiente: “fue allí en Antioquía en donde a los discípulos de Jesús se les llamó cristianos por primera vez” (Hch. 11:26). El término significa “adeptos (o seguidores) de Cristo”. Es probable que originalmente haya sido una denominación negativa que significaba “esclavos de Cristo”. Sin embargo, así como el Nuevo Testamento revirtió la connotación negativa de la palabra “cruz”, la iglesia primitiva redefinió la esclavitud a Cristo en términos positivos. Los primeros cristianos con frecuencia y con orgullo se referían a sí mismos como “esclavos” y “siervos” de Cristo”.

Templo de Dios      Jesucristo es el constructor del templo de los últimos tiempos y el Nuevo Testamento se refiere al pueblo de Dios, la iglesia, llamándolo “templo de Dios”, “templo del Espíritu Santo”, “edificio de Dios”, “morada espiritual”, “piedras vivas”, “sacerdocio santo”, “hermanos santos”, “real sacerdocio” y “nación santa”. Los ministros del evangelio están “empleados en el servicio del templo” y “sirven en el altar”.

Misión de Dios       En Juan 20:21-22, Jesús dijo a sus discípulos: “Así como el Padre me envió, también yo los envío a ustedes”. Dios tiene una misión y Jesús fue enviado a cumplirla. A su vez, Jesús envió a sus discípulos a esa misma misión y les dio el poder del Espíritu Santo. La misión del Padre era la misión de Jesús, y la misión del Padre y el Hijo es también la misión del Espíritu Santo. La misión de los discípulos era la misión trinitaria de Dios. Siendo descendientes espirituales de los primeros discípulos, nosotros también participamos de la misión trinitaria de Dios sobre la tierra.

Por lo tanto, estar en la iglesia es una muy buena noticia. Todos quieren ser parte del equipo ganador. Todos quieren ser amados por Dios y por los demás. Todos quieren tener relaciones significativas y todos desean tener una vida de propósito eterno y valor trascendente. Por todas esas razones y muchas más, la existencia de la iglesia es una muy buena noticia.

 

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