El Evangelio según Diego Dreyfus (Primera parte)

Diego Dreyfus es un hombre impresionante: es ingeniero, actor, emprendedor exitoso, life coach (mentor o asesor personal) y orador motivacional. Tiene una profunda confianza en sí mismo. Sabe quién es y ha logrado crear su propia marca personal. Es una persona que descubrió su “don”. Él dice: “He diseñado la vida que siempre soñé. Espero poder ayudarte a hacer lo mismo”.

Dreyfus ofrece una serie de talleres que llevan títulos como Despierta y decide, Crear dinero y sentir abundancia y Crear nuevos paradigmas. Sobre la serie de charlas titulada Te vas a morir, su página web anuncia: “Te vas a morir es un movimiento enfocado a que cada persona que viva la experiencia diseñe la vida que realmente desea, que encuentre lo que lo hace único y que le permita encontrar aquello a lo que vino al mundo”.

En particular, los animo a ver un video corto donde él habla de la religión. Se llama “Tu religión es un cuento”. Sus videos y perspectivas son influyentes, por lo que merecen que las examinemos con detenimiento. Mi objetivo en este artículo es hacer una crítica de su punto de vista sobre la religión basándome en la perspectiva de la cosmovisión bíblica.

No conozco a Dreyfus en persona. Quiero creer que es sincero y que realmente busca la verdad y quiere ayudar a las personas. En este video sobre la religión, él afirma sobre sí mismo: “Cada vez que viene alguien que no cree en lo que yo creo y me cuestiona, yo me abro y realmente aprendo de esa persona”. Sin embargo, también dice sobre los que lo critican: “El problema es tu cerradez, tu soberbia”. Él insta a sus oponentes a tener una mente abierta. Los reprende y declara: “Abrirte duele. Crecer duele. Crece”.

A modo de conclusión del video, comenta con frivolidad: “Salúdame a tu Dios. Creo que todos tenemos el mismo. Nada más lo nombramos diferente”.

¿De verdad? No lo creo. El dios que él describe, el inexplicable “algo más allá”, es distinto del Dios que yo conozco. Este Dios es conocible. De hecho, Dreyfus ya conoce a este Ser (Gn. 1:26; Ec. 3:11; Ro. 1:18-23). Me pregunto si estará abierto a la posibilidad de estar equivocado. ¿O será que, tristemente, está tan sumido en los beneficios económicos y psicológicos de su marca personal (él mismo) que no es capaz de considerar un paradigma diferente?

(Publicaré la segunda parte de este artículo el miércoles y la tercera parte el viernes.)

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