Cómo nos ven desde afuera

A veces, es útil pensar sobre nosotros mismos y preguntarnos: ¿Cómo nos ven desde afuera? ¿Cómo ven a los evangélicos los no cristianos, en especial los de la elite secular de los medios y la universidad? ¿Qué podemos aprender de su punto de vista? ¿Será que su mirada está viciada de falsos estereotipos? O, ¿habrá algún argumento válido en medio de su crítica, hostilidad o indiferencia? ¿Acaso la mayoría de nosotros, evangélicos, somos responsables —al menos en parte— de haber generado estas impresiones negativas? ¿Somos responsables de habernos infligido a nosotros mismos ese desprecio?

En 1993 escribí un párrafo que (Apología), al parecer, sigue vigente hoy en día:

Para muchos, el cristianismo es irrelevante. No es pertinente para la vida cotidiana. No es “políticamente correcto”. Tampoco es sostenible en términos intelectuales. Dicho en pocas palabras, se lo percibe como una creencia inherentemente irracional, divisiva, oscurantista y dañina (de todos modos, ¿quién necesita a Dios hoy en día?). […] En un entorno tan sincretista como este, las creencias se entremezclan y acomodan de acuerdo con la moda, las tendencias del momento y las necesidades psíquicas de las personas. La tolerancia y el relativismo son los supuestos dogmáticos. El cristianismo ya no es considerado una religión justificablemente única o exclusiva. La acusación de los cínicos es: el cristianismo no es más que otra “maleza” particularmente tóxica del “jardín de dios”.

Leamos lo que dicen tres escritores actuales, que describen cómo suelen ver a los evangélicos la cultura popular y la elite intelectual. Después, propondré algunas preguntas para seguir reflexionando (en cada caso, se trata de una cita textual del libro).

Francis Spufford: Unapologetic: Why, Despite Everything, Christianity Can Still Make Surprising Emotional Sense [Sin culpas ni excusas: por qué, a pesar de todo, el cristianismo aún tiene sentido y una lógica sorprendentemente emocional] (2012)

 Somos raros porque vamos a la iglesia […], tenemos una sarta de creencias absurdas de la edad de bronce […], somos dogmáticos […], unos santurrones […], demasiado estúpidos para comprender la irracionalidad de nuestro credo […], brutalmente sentenciosos […], iguales a los musulmanes, [aunque] mejores que los musulmanes, pero sólo porque perdimos el coraje de nuestras convicciones […], somos infantiles y […] no podemos vivir sin la ilusión de que tenemos un papá imaginario allá en el cielo. […] Nos oponemos a la libertad, a los derechos humanos, a los derechos de los homosexuales, a la autonomía moral del individuo, al derecho de la mujer a decidir sobre sí misma […], a la modernidad y al progreso […]. Encubrimos los abusos sexuales de niños, porque nos importa más el poder que la justicia […]. Somos los villanos de la historia, siempre estamos en el bando incorrecto en las luchas por la libertad humana […]. Inventamos historias piadosas como fachadas para ocultar el racismo, el imperialismo, las guerras de conquista, la esclavitud y la explotación […]. Nos quedamos en el pasado […]. Queremos infundirles miedo a las personas […], queremos que se avergüencen. […] Nos postramos ante un dios que no es más real que Santa Claus. […] Preferimos las sagradas escrituras antes que las novelas, las prédicas antes que las historias y cuentos, la certeza antes que la duda, la fe antes que la razón, la ley antes que la misericordia, los colores primarios antes que las sombras y matices, la censura antes que el debate, el silencio antes que la elocuencia, la muerte antes que la vida. […] Y lo peor es que no hay motivos para actuar así. […] La mayoría de las personas tiene en su vida un amplio abanico de amores, odios, alegrías y preocupaciones, un marco moral dentro del cual comprenderlos y un lugar para el asombro y la trascendencia, sin necesidad alguna de recurrir a la religión. Los creyentes son las personas que andan importunando a los demás, ofreciendo una solución sin que haya un problema y, para colmo, una solución vergonzosa…

 Rosaria Champagne Butterfield: The Secret Thoughts of an Unlikely Convert: an English Professor’s Journey into Christian Faith [Los pensamientos secretos de una improbable convertida: el viaje de una profesora de estudios culturales hacia la fe cristiana] (2012)

 Para mí, Cristo y el cristianismo eran sumamente resistibles. […] Compartían conmigo el evangelio […] al estilo de un vendedor de autos usados […]. Los cristianos siempre me parecieron malos pensadores. Daba la impresión de que podían sostener su cosmovisión sólo porque se acorazaban para no ver los verdaderos problemas del mundo, como las estructuras materiales de la pobreza, la violencia y el racismo. Además, siempre pensé que los cristianos eran malos lectores. Parecía que […] traían [la Biblia] a colación para poner fin al diálogo, no para hacerlo más profundo. La Biblia, «dice» siempre fue para mí una especie de mantra que invitaba a todos a poner el cerebro en suspenso. […] Sus frases y clichés eran (y son) igual de desagradables. «Jesús es la respuesta» era para mí en ese entonces —y sigue siendo ahora— como un árbol sin raíces. […] Las únicas personas que podían quedar genuinamente satisfechas con ese tipo de lectura y pensamiento eran quienes en realidad no leían ni pensaban demasiado ni sobre la vida, ni sobre cultura, ni sobre nada. […] La comunidad cristiana se veía (y muchas veces lo es) excluyente, sentenciosa, desdeñosa y temerosa ante la diversidad. […] Los cristianos aún me espantan cuando reducen el cristianismo a un estilo de vida y afirman que Dios respalda a los que se atienen a las normas de vida […]. Los cristianos, realmente se vuelven desagradables. […] El feminismo tiene mejor reputación que el cristianismo en todas las grandes universidades estadounidenses […]. Muchas veces, la iglesia no sabe cómo establecer un vínculo con la cultura universitaria porque desde un principio se predispone a moralizar y no a dialogar. […]. [Las personas ven] la arrogancia religiosa y el cristianismo integracionista.

Holly Ordway: Not God’s Type: An Atheist Academic Lays Down Her Arms [Una académica atea baja las armas y se rinde a Dios] (2014)

 Pensaba que la fe era irracional por definición y que implicaba creer en la verdad de ciertas afirmaciones sin fundamento alguno. […] Jamás se me ocurrió que podía haber un camino hacia la fe que involucrara hacer uso de la razón, ni imaginé que hubiera evidencia que probara las doctrinas del cristianismo. […] Creer era como esperar un premio a la irracionalidad: así es como sonaba la invitación evangélica a “aceptar a Jesús para tener vida eterna en el cielo” […] y el premio tampoco sonaba muy tentador. […] En el mejor de los casos, la fe era un delirio y, en el peor de los casos, una hipocresía total […]. Quienes se hacían llamar creyentes eran hipócritas, o bien, locos auto engañados […]. Siquiera considerar alguna de las afirmaciones de verdad que hacían los cristianos me parecía una pérdida de tiempo, […] la imagen que tenía de la fe cristiana era la de un relato ficticio, ventajista y útil en términos políticos. […] Los cristianos eran personas a quienes veía débiles e incapaces de enfrentarse a la verdad. […] El cristianismo era un artilugio histórico o una mancha en la civilización moderna. [Los cristianos eran] anti intelectuales lastimosos […] y sus misioneros eran colonialistas de mente estrecha que extinguían las expresiones auténticas de las religiones autóctonas. […] Sus creencias eran completamente personales y subjetivas. […] Sólo conocía la palabra “evangelista” en el sentido de “evangelista televisivo”. […] Las expresiones cristianas de reafirmación como las que se ven en calcomanías para el auto —“No soy perfecto, pero soy perdonado”, “Dios es mi copiloto”— y el arte kitsch que veía, presentaban la fe como una especie de fanatismo piadoso. […] Este Jesús no parecía ser capaz de lidiar con nada que excediera un raspón de rodilla. […] La falsa tristeza del “Jesús murió por ti”, la falsa compasión de quien no soporta mirar el crucifijo (era tan morboso) […].

Para terminar, consideremos una serie de preguntas para seguir reflexionando:

Entre esos comentarios, ¿cuál(es) refleja(n) la enseñanza que Jesús nos deja en Mateo 5:11: “Bienaventurados serán ustedes cuando por mi causa los insulten y persigan, y mientan y digan contra ustedes toda clase de mal”?

¿Qué comentarios negativos están basados en estereotipos incorrectos?

¿Qué comentarios negativos son falsos o injustos?

¿Qué comentarios negativos son una crítica válida hacia los cristianos y la iglesia actual

¿Qué cosas podríamos cambiar en nuestra forma de expresarnos y defender nuestra fe?

¿Cómo pueden ayudar las escuelas cristianas, los seminarios y las iglesias para preparar a los creyentes para entablar un diálogo con una cultura post cristiana?

 

 

 

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