Introducción a la apologética: Las herramientas de la apologética (parte 1)

¿Con qué herramientas cuentan los apologetas? ¿Qué arma podemos blandir en la defensa de nuestra fe? En esta sección vamos a observar dos ejemplos de argumentación tomados del Nuevo Testamento: 1 Corintios 15:1-19 ( y Hechos 17:16-34, la próxima semana).

1 Corintios 15:1-19
En este pasaje, Pablo entabla un debate con aquellos miembros de la iglesia que negaban la resurrección. Para construir y exponer sus argumentos, se vale de varios medios: pruebas, razonamientos, un análisis crítico y las Escrituras.

Lo primero y más importante es que Pablo se basó en un fundamento bíblico. Por un lado, afirmó que la resurrección es verdadera porque él, un apóstol de Dios, la predicó antes como la Palabra de Dios (vv. 1-3a). Ciertamente, ese mensaje logró el fin propuesto: “esto es lo que predicamos, y esto es lo que ustedes han creído” (v. 11). Por otro lado, él también recibió esa enseñanza como Palabra de Dios por medio de otro vocero autorizado de Cristo (v. 3) y, aunque Pablo no lo declara aquí, él testificó que el Cristo resucitado se le reveló personalmente (Hch. 22:6-11, 26:12-15; Gá. 1:15-16).

En segundo lugar, Pablo proveyó pruebas de la resurrección valiéndose del testimonio de numerosos y confiables testigos oculares: Cefas (también llamado Pedro, v. 5a), los “doce” (apóstoles, v. 5b), “más de quinientos hermanos” (v. 6), Santiago (también llamado Jacobo, v. 7a), todos los “apóstoles” restantes (v. 7b) y, finalmente, Pablo mismo (v. 8).

En tercer lugar, Pablo asentó un doble fundamento lógico para la resurrección. Por un lado, razonó “según las Escrituras”: dedujo la necesidad de la resurrección basándose en la lógica interna de la Palabra de Dios en sí misma. Por otro lado, usó el argumento de sus propios contendientes, “no hay resurrección”, para mostrar lo estéril y lo absurdo de esa posición. Porque, como dijo Pablo:

Si no hay resurrección, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes. Aún más, resultaríamos falsos testigos de Dios por haber testificado que Dios resucitó a Cristo, lo cual no habría sucedido, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria y todavía están en sus pecados. En este caso, también están perdidos los que murieron en Cristo. Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales (1 Co. 15:13-19).

En resumen, Pablo argumentó que si sus contendientes en la iglesia rechazan la evidencia de las Escrituras, testimonio confiable, y no reconocen su propio razonamiento defectuoso, entonces “todavía están en sus pecados” (v. 17) y son “los más desdichados de todos los mortales” (v. 19). En otras palabras, rechazar la resurrección no tenía sentido, ni basándose en la presuposición de las Escrituras (su propia lógica interna) ni aun desde el propio punto de vista de ellos (es decir, asumiendo una perspectiva independiente y una lógica interna propia).

 

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