Después de la boda… ¡se viene la fiesta! (¿o no?)

LogoDurante los años que viví en Argentina, he asistido a algunos casamientos. Siempre son hermosos. No obstante, hay algo en la recepción y la celebración que le siguen a la ceremonia que realmente no termino de entender.

¿Por qué la boda es tan sagrada y la fiesta tan secular? Suena irónico que terminada la ceremonia las parejas salgan de la iglesia y hagan la celebración afuera. ¿Será una forma de reconocer de manera implícita que son dos cosas distintas o que no van de la mano? ¿Será que en su corazón creen que ciertos estilos de música y determinadas actividades en realidad no son apropiados para la ocasión? Nuestros valores primarios y nuestra cosmovisión bíblica, ¿no deberían ser aplicables a ambas, tanto a la ceremonia en la iglesia como a la fiesta que se hace fuera de la iglesia? ¿Por qué debería haber una distinción entre lo sagrado y lo secular, entre lo solemne y lo feliz?

La mayoría de las fiestas de casamiento a las que asistí eran como adaptaciones moderadas de un boliche o carnaval, 15mrjoyful-colorcon mucha comida rica (y en algunos casos mucho alcohol). La música y el ritmo eran tan fuertes que a uno le retumbaban los oídos. Los invitados empezaban a bailar más o menos a las 11 y después de una hora se servía la comida. Después más música… y más comida. Más música, más comida. Y la secuencia se repetía hasta el amanecer, cuando se servía más comida todavía.

Es una lástima que el ruido no permitiera tener una conversación significativa, a menos que fuera en lenguaje de señas. De todos modos, era imposible ver bien a alguien entre tantas luces y humo.

Está bien que los jóvenes cristianos celebren la bendición del matrimonio, pero pensemos que la fiesta suele estar totalmente pensada para los jóvenes (de entre 20 y 30 años), con lo cual todos los demás se quedan sentados a mirar, y mirar, y mirar hasta el amanecer. ¿Qué nos dice esto del valor que les damos a los demás invitados, en especial los de edad avanzada y los niños, o cualquiera que no guste del entorno de un carnaval o un boliche?

Piensen también en el baile y las letras de las canciones: quizás valga la pena preguntarnos si los movimientos seductores que incitan o las letras inmorales y vacías y ciertos tipos de espectáculos deberían tener lugar en la recepción de una boda cristiana. Después de todo, nuestra celebración, ¿no debería ser un reflejo de nuestras prioridades, como sucede en la ceremonia? ¿Por qué deberíamos casarnos como creyentes y olvidarnos del cristianismo en la fiesta?

Realmente, me cuesta entenderlo y creo que es algo que se puede cambiar.

Fotos Nancy (1)

Quizás podríamos celebrar con un poco más de equilibrio y espiritualidad para así reflejar nuestra cosmovisión bíblica. Pero para eso hace falta creatividad. Podríamos considerar incluir, junto con el baile y la comida (que por sí solos no tienen nada de malo), por ejemplo:

  • un tiempo de oración para bendecir a la pareja;
  • videos y actuaciones divertidos para celebrar sus vidas y potencial;
  • una sección de karaoke;
  • dedicarle a la pareja canciones que sean especiales y significativas para ellos;
  • música especialmente pensada para la adoración a Dios, el creador y Señor del matrimonio (¡y de la fiesta! Él quiere que celebremos);
  • un tiempo para bailar en grupo o hacer alguna coreografía;
  • un tiempo para escuchar el testimonio de la pareja;
  • una colecta de dinero para que los recién casados comiencen su vida juntos;
  • la participación de personas de todas las edades: invitar a los padres y a los ancianos a dar consejos y bendiciones, y pensar en un programa para los más chicos.

¿Qué les parece?

¿Se les ocurren otras ideas creativas?

¿Creen que nuestras convicciones religiosas deberían influir también en la celebración después de la boda?

¿Creen que debería haber una división entre lo sagrado y lo secular que separe la ceremonia de la fiesta, o que las dos van de la mano?

¡Dejen sus comentarios e ideas!

One comment

  1. Sólo quiero mencionar que algunos jóvenes cristianos tampoco disfrutan del ruido extremo, ni del humo, ni de la falta de creatividad de las fiestas que el autor menciona. Debe tener en cuenta, que la posibilidad de comunicarse y de compartir de otras maneras no es sólo un anhelo de los “mayores”…Convendría no generalizar esta frase.
    En el resto de acuerdo.
    Bendiciones

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