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«El Antiguo Testamento nos insta en reiteradas ocasiones a practicar lo que podríamos denominar «piedad intelectual», es decir, a amar a Dios con nuestra mente y no solo con nuestras emociones. En Salmos 1:1-2 (RVR60), leemos: «Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche». Salmos 25:4-5 (RVR60) nos presenta una oración para pedir conocimiento: «Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día». En Proverbios, la palabra llama al «simple» a prestar oídos a las razones de Dios, expresadas en la voz de la sabiduría personificada: «Dice a cualquier simple: Ven acá. A los faltos de cordura dice: Venid, comed mi pan, y bebed del vino que yo he mezclado. Dejad las simplezas, y vivid, y andad por el camino de la inteligencia» (Proverbios 9:4-6 [RVR60]).»