Una súplica encarecida en nombre de los académicos cristianos (Por Keith Campbell)

Dr. Keith Campbell

Nota: El siguiente texto fue publicado originalmente en Facebook. Keith me dio permiso para volver a publicarlo en mi sitio como un artículo de autor invitado. Keith es un amigo y también es vicepresidente de Global Scholars (Académicos globales), el ministerio en el que sirvo. Su texto trata de la visión anti-intelectual que, muchas veces, encontramos entre los evangélicos.

¡PEDIDO URGENTE! Hace poco tuve una conversación con un hermano en Cristo bien intencionado (lo llamaremos “Joel”), una conversación que he tenido al menos unas cien veces a lo largo de los años. Joel —con una actitud firme, confiada y algo condescendiente— me dijo que los eruditos bíblicos no sirven para nada y que son una pérdida de tiempo. Todo lo que hacen, según Joel, es sentarse a debatir cuestiones irrelevantes y confundir al “cristiano común y corriente” (son sus palabras, no las mías), y deberían invertir su tiempo haciendo cosas más importantes para el Reino.

Bien, entiendo. Como en cualquier otra profesión, siempre están quienes no aportan demasiado. En eso, tiene razón. Ahora, escúcheme bien y con mucha atención: Joel, al igual que el 99 % de la población de la Tierra, no puede leer una sola palabra —ni una sola palabra—de la Biblia sin depender de los eruditos bíblicos.

Es real. Tomemos, por ejemplo, el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento que usted tiene en su casa es producto de miles de pergaminos antiguos que han transcrito los eruditos para que luego otros eruditos los tradujeran del griego al español. Esto no es tarea fácil. A un erudito le lleva toda una vida aprender a hacer esto, normalmente, para trabajar sobre un solo libro de la Biblia. Además, estos eruditos se apoyan en el trabajo de, literalmente, decenas de miles de otros eruditos que los precedieron. A menos que usted sepa leer griego koiné y pueda leerlo de los pergaminos originales de los primeros siglos del primer milenio (o en hebreo antiguo), usted no puede leer la Biblia sin la ayuda de los eruditos bíblicos (eso incluye la versión King James del inglés, la Reina-Valera del español e incluso, versiones griegas modernas).

Además de ser incapaz de leer una sola palabra de la Biblia sin la ayuda de los eruditos, la mayor parte de lo que enseñan los maestros de escuela dominical o de lo que su pastor menciona en la prédica del domingo a la mañana (quitando la mayoría de las ilustraciones) proviene directa o indirectamente de cientos de miles de estudiosos que, a lo largo de miles de años, han dedicado toda su vida a pensar, debatir y escribir para que el resto de las personas pudieran decir este tipo de cosas en frases sencillas y en unos pocos segundos. Me refiero a afirmaciones simples como: (1) “En el Nuevo Testamento, hay cuatro palabras griegas que en nuestra Biblia se traducen como ‘amor’”; (2) “En el mundo romano, la crucifixión era considerada la muerte más humillante”; (3) “Lo que esta palabra bíblica quiere decir es…”; y la lista sigue y sigue y es interminable.

Por eso, les pido encarecidamente: por favor, no deshonren a los buenos cristianos que, por amor a Jesús y a las Escrituras, estudian la Biblia. Es más, ¡agradézcanles! Nuestra sola posibilidad de leer la Biblia depende de ellos.

Traducido por Micaela Ozores

Un comentario

  1. Amén. Los seres humanos padecemos de un mal inherente a nuestra naturaleza. La arrogancia. Esta arrogancia se traduce en algo como esto: Lo que yo hago es lo mejor y merece reconocimiento. Lo que otros hacen hay que descalificarlo y tomarlo en poco. Recuerdo el consejo de Pablo a la iglesia de Roma:
    Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe… Rom. 12:3-6 (RV-60).

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