El apóstol Pablo: un conservador revolucionario (por William Edgar)

William Edgar

La perspectiva de que el apóstol Pablo fue un conservador cobra sentido cuando leemos pasajes de sus escritos.  Uno que rápidamente viene a la mente es Romanos 13, en el cual insta a todos a sujetarse a las autoridades de gobierno ya que han sido puestas por Dios. Oponerse a dichos magistrados equivale a oponerse al orden social dispuesto por Él. Podríamos citar otros pasajes que dan un mensaje similar. A los corintios, Pablo les aconseja permanecer en la condición que estaban cuando Dios los llamó. Cualquiera sea la condición: no circuncidado, soltero, esclavo, «… lo que importa es cumplir los mandatos de Dios.» (1 Corintios 7:17-24).

Según esta interpretación, Pablo valida al imperio romano como forma de gobierno legítima, incluyendo sus diferentes instituciones. Cuando afirma la necesidad de pagar impuestos, «… y paguen a cada uno lo que le corresponda (…) si deben contribuciones, paguen las contribuciones…», respalda una de las tradiciones judío helenísticas practicadas desde la vuelta del exilio: aprender a vivir bajo las restricciones de un poder invasor, por ser el orden dispuesto por Dios.

Con respecto a la esclavitud, el apóstol condena el tráfico de personas y lo considera abominación (1 Timoteo 1:10) e inclusive les dice a los corintios esclavos que, si pueden ganar su libertad, deben hacerlo.  Pero estos no parecieran ser los ingredientes para el cambio social y menos aún para una versión revolucionaria de la fe cristiana. En realidad, a lo largo de sus cartas, Pablo no insta a la emancipación, sino a mantener relaciones decentes entre esclavos y sus señores (Efesios 6:5; Colosenses 4:1). En una de sus cartas se dedica exclusivamente a exhortar al dueño de un esclavo creyente para que, a su regreso, porque había estado fugitivo, lo reciba como a un hermano, pero sin dejar de ser esclavo (Filemón).

¿Tenían razón los que justificaban la esclavitud y otras instituciones de statu quo al reclamarle a Pablo por sus puntos de vista? ¿Representaban justamente al apóstol? Más aún, ¿de qué manera se adecua ese Pablo conservador a tantas afirmaciones radicales que ha hecho acerca de cambiar, dejar el pasado atrás, pertenecer a una nueva comunidad donde ya no hay diferencias entre «judíos o griegos, esclavos o libres, hombres o mujeres» (Gálatas 4:28)? A los filipenses les declara que Cristo ha reemplazado toda marca de identidad del pasado. Para Pablo, haber sido circuncidado el octavo día, pertenecer a la tribu de Benjamín, del Pueblo de Israel, ser hebreo y ferviente fariseo, todo ello es considerado «basura» en comparación con haber conocido a Cristo (Filipenses 3:4-8).  ¿Esto también es parte de su supuesto conservadurismo?

La ciudadanía de una comunidad cívica y celestial

La respuesta típica a dicho planteo es que Pablo separa completamente la iglesia del resto de su vida. Este enfoque sostendría que nuestra ciudadanía está en los cielos y, por lo tanto, nuestro deber como cristianos hoy es esperar hasta nuestra transformación final (Filipenses 3:20).  Todas las implicancias de esta ciudadanía celestial serían únicamente sobre la vida privada o la vida de la comunidad creyente. Por lo tanto, cuando Pablo les dice a sus lectores que «velen por los intereses de los demás», se dirige a los creyentes en relación a la vida eclesiástica (2:4). Hermanas, como Evodia y Síntique, y otros, cuyos nombres están en el libro de la vida, deben aprender a «ponerse de acuerdo en el Señor» (4:2-3). De todos modos, ¿esto significa que otros, que no están registrados en el libro de la vida, no necesitan practicar el trabajo en equipo?

¿Verdaderamente, Pablo está expresando que se acepten las normas del imperio romano y luego se haga lo mejor posible para vivir la ética cristiana dentro de la comunidad? ¿No hay implicancias para transformar la sociedad? ¿Estaban equivocados los abolicionistas cuando veían en las presuposiciones del apóstol la dinámica de emancipación?

Aquí hay una pista importante: la palabra que Pablo utiliza para «ciudadanía» es politeuma, una declaración de mayor lealtad (3:20).  Politeuma es comunidad. Ya ha utilizado la forma verbal politeuomai en la carta (1:27, que debería leerse, «[Más allá de mi circunstancia,] lo que realmente importa es que se comporten como ciudadanos del cielo»).[1] Aunque no parezca a simple vista, Pablo está apelando al sentido de deber cívico de los filipenses. Aunque ellos saben del orgullo y la responsabilidad que implica vivir en una colonia romana, tienen una lealtad aún mayor, la que los llama a conducirse honestamente dentro de la colonia y por el bien de la colonia. «El término politeuesthe nos recuerda que la responsabilidad cristiana no es un asunto pasajero, sino una obligación constante».[2] Sin duda, esto implicará tenacidad ante las persecuciones. Implicará ser ejemplo para el mundo (luz en medio de una generación torcida). Pero no significará replegarse en la comunidad propia.

Pablo, en realidad, está utilizando un lenguaje político. Como ciudadanos de la comunidad celestial, los filipenses han de comportarse adecuadamente en la comunidad cívica. ¿Podríamos decir que esta es una acción social transformadora? La ética cristiana nunca es meramente privada, sino que siempre tiene un efecto expansivo en el entorno. Cuando les pide a sus lectores que «aprueben lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Jesucristo», difícilmente lo limite al comportamiento individual o dentro de la iglesia (1: 9-10 RVR60). Así como su encarcelamiento afectó a la guardia imperial, sus lectores también deberían involucrarse en dicho conflicto, con los mismos resultados transformadores (1:13; 1:30). Aunque puede ser verdad que Pablo no haga una conexión directa entre nuestra pertenencia a la comunidad celestial y una lista de obligaciones que nos incumbe, él cimienta su caso sobre el carácter de la esperanza que provee la ciudadanía en los cielos.  (cf. 1 Juan 3:3; Romanos 13:11-12; 1 Corintios 15:54-58; Gálatas 6:9; 1 Tesalonicenses 5:4-6).[3] Cuando esperamos en Cristo, vemos su poder sujetando todas las cosas a él mismo (3:21; cf. Hebreos 2:6-8).

Revolución como renovación de la vida humana

Al comprender que la ética cristiana no se limita a lo individual o a la vida de la iglesia, nos damos cuenta de que Pablo no es el típico conservador social. Es un revolucionario, no en el sentido clásico (como en las Revoluciones Francesa o Rusa), sino como defensor del cambio, gradual pero radical, a través de todo el tejido social. A diferencia de algunos cristianos de hoy, él no recomienda pagar los impuestos simplemente para que nos dejen en paz, sino porque es parte de una estrategia mayor, a largo plazo, para cambiar la sociedad. Muchos creyentes solo esperan tener derecho a ejercer su libertad de culto. En realidad, sostener la libertad de culto para todos es un valor preciado en América. Pero no es suficiente en comparación a todo lo que Dios quiere que hagamos en la Tierra: «… que hagas lo que es correcto, que ames la compasión y que camines humildemente con tu Dios» (Miqueas 6:8 NTV).

Consideremos los últimos versículos de Filipenses, en los cuales Pablo defiende las virtudes: todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable… (Filipenses 4:8). Afirma que pensemos en todas estas cosas (logizomai), y, además, esta palabra no significa solo conocer las virtudes de manera intelectual.  Significa considerar y actuar en consecuencia. En el versículo siguiente, les dice a los lectores que practiquen lo que han aprendido (v. 9). Aunque estas virtudes tienen cierta afinidad con la ética greco romana, indudablemente, Pablo no les está diciendo que actúen como buenos romanos. La mayor lealtad a la comunidad celestial implica practicar estas virtudes con suma honestidad y autenticidad, en todo ámbito, incluido el público.  Son las promotoras de un cambio de vida, en cualquier lugar en el que se viva.

Preguntas para reflexión:

  1. ¿De qué manera los cristianos suelen conformarse con menos que un enfoque transformador del evangelio?
  2. Considerar la palabra «revolucionario». ¿Cómo se aplica a la renovación de la vida?
  3. ¿Cómo se relacionan la ciudadanía celestial y las virtudes cívicas?

—William Edgar es Profesor de Apologética en el Seminario Teológico de Westminster en Filadelfia.

28-9-2015

Capital Commentary es una publicación semanal de los temas actuales del CPJ, cuyo objetivo es alentar la búsqueda de la justicia pública.

—Las citas bíblicas corresponden a la versión NVI (Nueva Versión Internacional), salvo que se especifique lo contrario.

—Traducido por Elisa Oggero www.wordwideservices.com

Puede encontrar el artículo original en idioma inglés en: https://www.cpjustice.org/public/capital_commentary/article/1306

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