$ 89, nuestra gran inversión

Me siento como un verdadero argentino! Sí, tomo mate, me encanta el dulce de leche y disfruto de un buen asado. Ah, y también tomo siestas. Sin embargo, ninguna de estas cosas me hace argentino. Me faltaba sólo una cosa, y ahora la tengo.

Por último… ¡me robaron! Me quitaron la billetera sigilosamente, para ser específico. El delito finalmente invadió mi vida. Fueron astutos y me robaron la billetera cuando me estaba bajando del colectivo.

(Afortunadamente, el ladrón era un delincuente con conciencia. Dos horas después del robo, un transeúnte “inocente” llamó para decirnos que había “encontrado” mi billetera. Cual buen samaritano, quería devolvérmela, junto con mi credencial de seguro médico y mis documentos de identidad, y sin el efectivo, por supuesto).

Estaba enojado, no tanto porque perdí dinero sino por haber sido tan ingenuo. El robo es un abuso. Me sentí agredido y perdí cierto grado de inocencia ese día. Tengo que ser más cauteloso en cuanto a la delincuencia.

No fue tan fácil para mi esposa. Ella reaccionó con dolor y rabia. Y entiendo por qué. Viviana tuvo que atravesar diecisiete años de un matrimonio de abusos y maltratos. Está muy familiarizada con la violación, la impotencia y la ira. Para ella, esta situación funcionó como un hipervínculo emocional que abrió una nueva brecha de profunda indignación. Por un día más o menos, no pudo evadir sus sentimientos. Revivió una y otra vez la experiencia. Soñaba con ella. Trataba de controlar sus emociones a través de actividades y un retraimiento emocional.

Finalmente, se detuvo y hablamos. Juntos, “unimos los puntos” entre nuestro presente y su experiencia pasada. Ella lloró, tanto por el dolor y la ira como por la esclavitud sentía que la ataba al abuso y el maltrato de tiempos pasados.

Entonces nos dimos cuenta de la gran inversión que en realidad habíamos hecho. Los ladrones se quedaron con tan sólo $ 89 dólares terrenales mediante su esfuerzo. También aumentaron la carga de su deuda moral delante de Dios. Ellos pecaron contra nosotros y contra el Señor. Viviana, por su parte, ganó un eterno retorno que sigue dando dividendos incluso ahora: la libertad de la ira y el dolor. Dios rompió el vínculo entre el pasado y el presente.

Por lo tanto, los perdonamos, ladrones, por su mala conducta. “Ustedes pensaron [hacernos] mal, pero Dios cambió todo para bien” (Génesis 50:20). Ellos perdieron y nosotros ganamos.

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